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Cómo la rabia te ayudará a lograr tu sueño

¿Me equivoco si afirmo que TU RABIA, es la emoción que más rechazas de ti?

  • Puede que lo hagas porque no sabes gestionarla y porque te controla, más veces de las que quisieras.
  • O, por el contrario, porque sea una emoción que no te permites expresar. Y, que sabes esconder muy bien… la camuflas o la callas, casi siempre.

Si te reconoces en cualquiera de los casos es importante que entiendas que, hay un 90% de posibilidades de que no estés atendiendo a los mensajes que la rabia tiene para ti…

Y, que reconciliarte con ella te ayudará a lograr tu objetivo.

Pues, sí… la rabia te ayudará a alcanzar tu sueño, si la sabes escuchar….

La rabia, una emoción clave para el exito de tu proceso

La rabia es una emoción primaria o básica y cómo tal tiene una función y una intención positiva.

Lo que la rabia quiere de ti, normalmente, es que:

  •  Marques límites.
  • Digas no,
  • Te respetes a ti misma y que te pongas tu primero.
  • Que no antepongas las necesidades de los demás a las tuyas.

Está para protegerte de cualquier ataque.

Pero, qué ocurre si no la expresas. O, al revés, está muy presente en ti y la dejas salir de manera incontrolada.

¿Y, si nunca dejas que se vea esa rabia?

 

Si eres de las que no expresa nunca esta emoción (porque es lo que te enseñaron a hacer), puede que la estés sustituyendo por alguna otra (como la falsa alegría, la tristeza…).

El problema de no expresarla es que queda dentro. En tu cuerpo.

La rabia es una de las mayores fuerzas de la naturaleza. La energía que provoca está pensada para que puedas, si lo necesitas, mantener un combate y salvarte la vida.

Y, si la contienes, sin darle salida, y sin cubrir la necesidad para la que fue diseñada y por la que aparece, te hará daño a ti misma.

  • Ya sea en forma de síntomas de estrés (como dolores musculares, tensión, acidez de estómago, trastornos hormonales, taquicardias… ).
  • O, en forma de enfermedades (como problemas de tiroides, de espalda, ataques de pánico…),
  • O, mediante comportamientos destructivos (como los excesos de comida, tabaco, alcohol, etc.).

¿Y, si esa rabia te domina en más situaciones de las que quisieras?

Si eres de las que la expresa, pero de manera desatada…Si te hace explotar, te domina y surge cuando menos te lo esperas, haciéndote sentir, después, mal y culpable, entonces puede haber algo más detrás.

►  Puede ser que la situación que hoy te hace reaccionar con rabia te conecte con alguna situación dolorosa vivida en el pasado en la que surgió esa rabia (pudieras expresarla o no).

Si, por ejemplo, viviste algún maltrato, cualquier situación en la que te sientas amenazada o en la que percibas que no se te respeta, puede hacerte saltar. En ese momento, no ves la situación que tienes delante, sino lo que te ocurrió en el pasado. La rabia no se corresponderá con la fuerza necesaria para conseguir, hoy, lo que necesitas, sino con la rabia que hubieras necesitado entonces.

Es una rabia elástica.

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Eso hace que el estrés que cualquier situación sin importancia te genera, sea desmesurado. Y, lo más importante, no acorde al necesario para solventar el problema, hoy.

En este caso, la rabia es una alerta importante de que hay una herida que sanar para que tu estés bien y tu cuerpo, también.

►  Otro posible origen de la rabia desproporcionada, es que no te permitas expresar alguna otra emoción, ya sea el miedo, la tristeza, o la alegría.

Se trata de una rabia que sustituye a otra emoción que no se permitía o no se expresaba en tu familia.

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Tu decidiste, de niña, que te obligarías a no sentir y a no expresar esas emociones, para que tu familia no te rechazase o para que te quisiera.

Pero esas emociones que ocultas y callas las sustituyes por la rabia. Una emoción que, sí que debía de estar permitida en tu casa. Y, que modelaste de algún progenitor, al que le ocurría igual.

Esta rabia surge porque, en realidad no te estás respetando a ti misma. Ya que te obligas a tapar emociones que necesitas expresar para estar bien.

El problema es que esta rabia desatada te estresa,  también. Y, te provoca los mismos síntomas que comenté anteriormente. Hay algo que viste en tu familia, consecuencia de vivir ocultando esas emociones (dolor, enfermedad, sacrificio, separación, abandono…) que no quieres reproducir. Pero sabes que, si sigues así, replicarás con tu bebé y que puede ocurrirte a ti.

► El último caso, por el que puede surgir esa rabia desmedida es si tu rabia es adoptada de un progenitor.

Porque es lo que viste que se hacía en casa. Ejemplo: tu madre expresaba su odio por los hombres y tu has hecho tuya su rabia.

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O, porque funcionaba en quien llevaba siempre las de ganar y quien siempre se salía con la suya.  Ejemplo: tu padre era autoritario y, siempre, conseguía todo gritando.

Y, por eso, pudiste decidir, de niña, que, tu también, ganarías y que te servirías de esa rabia para conseguir tus propósitos. O, que harías como hizo tu madre. En el ejemplo, odiar a los hombres, que es lo aprendiste que sería bueno para ti.

Ese es el motivo de que te expreses así esa emoción, aunque la odies y la rechaces profundamente en ti.

Lo que ocurre es que, si no has perdonado algo o no quieres repetir algo de las figuras paterna o materna de las que aprendiste o modelaste esa rabia, al expresarla como ellos, te conectas con un profundo rechazo. Ya que no quieres que tu bebé viva esos accesos de rabia como los viviste tú. El estrés, cada vez que surge esta emoción, está servido.

Sea cual sea el origen de la misma, el único modo de paliar los problemas que la rabia no escuchada provoca en ti, es atendiéndola,. Dándole lo que necesita y descubriendo qué hay detrás.

Y, ¿cómo escucharla?

La clave para que la rabia no te haga daño y que se convierta en el motor que te ayudará a conseguirlo tu propósito, es entender qué está buscando para ti. Ya sea hoy, o en el pasado…

Si le das, es decir, si te das a ti misma lo que necesitas para estar bien, desaparecerá.

Cuando surja de nuevo, plantéate:

► ¿En qué no me estoy respetando? ¿Qué necesito hacer de manera diferente? ¿Que no estoy haciendo para respetarme, quererme, cuidarme o escucharme? Puede que ponerte tu primero, o decir no, o parar algo o a alguien.

Y, es el momento de hacerlo, de expresarlo, de pedirlo o de marcar un límite de manera asertiva.

Hazlo…sino la rabia seguirá ahí…afectándote.

► Si detectas que si estás haciendo lo anterior (marcando limites, diciendo no, respetándote o poniéndote tu primero) y, aun así, la rabia persiste, puede deberse a que:

  • Hayas sido tú la que no te hayas respetado antes (en otro momento a lo largo del día). Y, que lo que estas viviendo, con otra persona y con otro entorno, en ese momento, solo te haga de espejo de lo que no haces contigo misma en otros contextos. Ejemplo: No marcas límites con tu jefe o clientes, en tu trabajo. Y, llegas a casa y una situación tonta con tu pareja, en la que no te hace caso (deja tirados los calcetines) te hace saltar con la rabia acumulada. En este caso, toma conciencia de que has de empezar a respetarte en todo momento, no solo en algunos contextos. Cuando lo hagas, ya verás como no te sientes igual al ver unos calcetines 😊
  • Que la rabia sea elástica y que te conecte con heridas del pasado. De cuando eras niña y no tenías las herramientas adecuadas para canalizarla. Si este es el caso, has de sanar el dolor del pasado, para que deje de limitarte hoy. Habla con lo que necesitó esa rabia, y con el miedo que puede haber detrás, cuando apareció. Hoy eres adulta y puedes darte lo que no pudiste darte entonces. Y, es el momento, guapísima.
  • Que la rabia sea adoptada de alguno de tus familiares (madre, padre, abuela…). O, que sustituya a otras emociones que no expresas, como comento arriba. Si este es el caso, analiza, que emociones necesitas expresar (miedo a estar sola, a no poder, a pedir ayuda, a no valer, una tristeza guardada…) y date el permiso de hacerlo.

  Es el momento de aprender a escucharte , de aprender a expresar y a gestionar todas tus emociones, incluso la rabia de manera asertiva Cuando nazca tu bebe solo tendrá sus emociones para expresarse. Si tú no te escuchas, ¿Cómo podrás escucharle a él?

Y, recuerda…

 La rabia solo quiere que estés bien

Lleva toda tu vida apareciendo para cuidar de ti. Y, como dice Bárbara, una alumna del Programa Creando el Nido,

“Si tú estás bien, tu cuerpo estará bien y tu bebé llegará”.

La vida se lo ha demostrado…su princesa Elia, llego a principios de año.

Cuida de ti, como tu rabia espera que lo hagas. Y, la rabia te ayudará a alcanzar tu sueño.

Y, cuando surja, piensa que es tu aliada, no tu enemiga. Escucha que quiere para ti, permítete lo que necesita para estar bien, descubre qué hay detrás y desaparecerá.

Y, puede que, muy pronto, recibas una preciosa sorpresa…

Si necesitas ayuda para entender qué  está buscando para ti o para aprender a gestionarla, no dudes en escribirme.

>> Haz clic en este enlace para ponerte en contacto conmigo

¿Llevas las de ganar o las de perder?

¿Has corrido alguna maratón?

Seas o no deportista, sabes que si corrieras tu primera maratón tendrías que prepararte, mental y físicamente, para garantizar, no solo que llegarás a la meta, sino, también, que lo harás sin morir en el intento.

Y, seguro que los primeros entrenamientos serán duros y no saldrán como esperabas…

Habrá dolor (tirones o agujetas), cansancio, soledad (si no buscas apoyo para los entrenamientos), frustración por no rendir, físicamente, lo esperado, estrés al pensar si podrás llegar al final y si merecerá la pena el esfuerzo…puede que, incluso, haya algún problema físico (torcedura o esguince…) que te haga parar y tener que volver a empezar.

Pero, lo cierto es que, al igual que en otras áreas de tu vida, incluida la maternidad,  llegar al final dependerá solo de dos cosas:

  • La primera, del guion que hayas definido para tu película,
  • Y, la segunda, de cómo te hayas preparado para ello.

Cuando hablo de “guion” me refiero de lo que tu mente haya planeado para ti. Al final que haya previsto para ti y para esta carrera.

¿Vas a lograr ese reto? ¿Si o no?

Es algo que tu mente inconsciente ya sabe. Que hace mucho tiempo que decidió.

Que ibas a ser una ganadora en ciertas áreas de tu vida y en otras no.  Según el análisis transaccional es algo que decidimos alrededor de los 5 años.

Parece difícil de creer, pero es así…

Si te cuesta aceptarlo, plantéate…

¿Qué situaciones vives una y otra vez?

¿En cuáles repites la misma historia…y, siempre tienes las de perder?

  • Quizás con tus amigas, ¿siempre eres tú la que llamas o te preocupas por ellas?
  • O, con tus parejas, ¿te tratan mal o no te respetan? o, quizás, ¿las mantienes tu o las cuidas tu siempre (casi como si fueras su madre)?
  • Tal vez en tu relación con tus padres o hermanos, ¿eres tú la que siempre está por y para todos?
  • O, en cómo te relacionas con tu cuerpo (comida, deporte…) ¿siempre has estado luchando con tu cuerpo, a dieta o sobrexigiéndote?
  • Puede que, con tus jefes, en el trabajo ¿siempre eres la que se queda más horas, la responsable de todo, la que no valoran, a la que gritan o ningunean?, o, tal vez ¿la triunfadora, aunque a costa, siempre de un sobre esfuerzo que acabas pagando?

El guion de tu película lo elijes tu… o más bien lo elegiste hace tiempo.

Hoy solo estás actuando y viviendo de acuerdo a él.

Y, si el guion dice que eres una ganadora, y que correrás la maratón, y que lograrás ser madre, encontrarás el modo de seguir adelante y de no achantarte ante las dificultades. Estate segura de que lo conseguirás, sea como sea…

Y, dirás…

Pero, ¿cómo saber si soy o no una ganadora en cuestiones de maternidad?

Pues tranquila…lo bueno es que incluso si tu guion es el de una perdedora se puede cambiar.

La segunda clave, la preparación, te ayudará a reescribir tu guion y a conseguirlo.

Muchas mujeres a las que he ayudado a ser mamás, al igual que yo, tuvieron que hacerlo.

Y, ¿qué  necesitas concocer para reescribir tu guion?

Ello requiere hacerse consciente de 4 factores que contribuyeron a conformar tu  guion de vida y que pueden estar condicionandote:

Este es el resultado de:

  • Lo que modelaste tus padres o abuelos. Es decir, de lo que viste en papa y mamá. En cómo reaccionaban, se relacionaban entre sí y con otros miembros de la familia. Esto te enseñó cuál era la mejor forma de conseguir lo que querías en tu casa y en tu vida. Si, por ejemplo, mamá conseguía todo de papá, empezando una pelea y luego echándose a llorar. Podrías haber decidido: Yo haré lo mismo y que este sea, hoy, tu modo de actuar.
  • Los mandatos y contramandatos. No son más que ordenes, verbales o no verbales, con las que tus padres te bombardearon desde que naciste. Son mensajes acerca de lo que tenías que hacer para pertenecer o formar parte de tu familia, para que te quisieran, o para que mamá y papá estuvieran contentos. Y, algunos, de manera inconsciente te siguen obligando hoy (se perfecta, hazlo todo bien, se fuerte, complace a los demás, no expreses, date prisa…)
  • Las atribuciones. Son igualmente mensajes recibidos de tus padres, verbales o no verbales, pero acerca de lo que eres (la responsable, la niña buena, servicial, la mayor, la que no vale, la tonta, la que no lo conseguirá…)
  • Y de ciertos acontecimientos dramáticos o repetitivos que viviste, sobre todo en tu infancia, y que han dejado en ti secuelas o una herida pendiente de sanar (situaciones de abandono, abuso, sobre exigencia, pérdidas o dolores no expresados…)

En base a eso, cuando eras niña elaboraste tu propio guión.

Solo ciertos acontecimientos clave o dramáticos en tu vida adulta, que te hicieron tomar conciencia o darte permiso de algo, han ido alternándolo.

Como decía Carl Jung

“Hasta que lo inconsciente no se haga consciente, tu subconsciente seguirá dirigiendo tu vida y lo llamarás destino”.

Pero, no te preocupes, como te dije, siempre estás a tiempo de reescribir tu guion…

Aunque, eso requiere que pases a la ACCIÓN. Que te prepares, que empieces hacer consciente lo inconsciente y a cambiar tu modo de pensar, sentir y comportarte.

Algo que depende solo de ti…

Si quieres empezar, puede hacerlo con nuestros programas gratuitos.

Dale a tu vida y a tu proyecto de maternidad un nuevo final.

 

En el fondo, no eres tan diferente de una mosca…

Una mosca lleva, toda la mañana, dándose golpes contra el cristal de mi ventana, intentando salir.

La pobre…

Y he pensado: Si fuera capaz de parar, de tomar perspectiva y de reconducir su rumbo, vería que la ventana está abierta y lograría salir”.

Pero aún no lo ha hecho.

Simplemente sigue volando (lo que hace habitualmente para llegar a algún sitio) sin pararse a pensar que no está llegando a ningún lado. Y, sigue, ahí, dándose golpes, una y otra vez, contra el mismo cristal.

Y, ¿Sabes por qué lo hace?

Porque cambiar no es fácil…

Porque los cambios asustan, y requieren de un esfuerzo. Por eso nuestro cerebro los rechaza, de primeras, ya que está preparado, biológicamente, para ahorrar energía.

Y, por eso, opera mediante hábitos.

Y, ¿qué son los hábitos?

Los hábitos no son más que conductas adquiridas por repetición de actos iguales o similares.

Estos permiten que tu cerebro ahorre energía que puede dedicar a otra actividad, ya que se acaban convirtiendo en algo automático y que realizas de manera inconsciente.

Es decir, se convierten en aquello que haces sin pensar que lo estás haciendo. Si conduces o manejas, seguro que has llegado alguna vez a tu destino sin saber cómo. Pues, eso te puede estar ocurriendo en otras áreas de tu vida.

Lo hábitos son algo maravilloso porque te facilitan la vida.

Pero si esos automatismos te están impidiendo alcanzar tus sueños, ha llegado el momento de cambiarlos.

En el fondo, no eres tan diferente de una mosca…

Cuando entras en piloto automático, te dejas conducir por tus hábitos. Y, si no eres consciente de cuales te están limitando, para dejar de hacerlos, te darás de cabezazos, día a día, con los mismos problemas.

Y, si piensas que se resolverán solos, por favor, acuérdate de la mosca.

¿Qué piensas de ella?

Si llevas tiempo haciendo lo mismo y no te está dando resultados, no insistas por ese camino.
La vida te da señales, también tu cuerpo… ¡Escúchalas!

Se que nunca será un buen momento para empezar a hacer las cosas de manera diferente. Ni para pararse a pensar y a tomar perspectiva.

Seguro que tienes muchos temas pendientes, ahora más con la vuelta a la rutina, poco tiempo y mucho estrés…

Pero depende de ti.

Puedes decidir tomarte un tiempo para ti. Pensar qué rumbo quieres dar al nuevo año y a tu vida. COMPROMETERTE contigo misma y con los objetivos que quieres alcanzar y ponerte manos a la obra…

Ponerte en ACCIÓN o actuar en modo mosca.  

Tú decides.

El mejor momento, SIEMPRE, es ahora. 

Te animo a que hagas STOP y te plantees que cosas no quieres repetir el nuevo año.

Haz una lista con lo que quieres dejar de hacer en el nuevo año y comparte uno en comentarios.

¿Qué hábito limitante te comprometes a cambiar para lograr tu objetivo en el 2019?

Solo para exigentes, autocríticas y perfeccionistas

¿Cuántas veces al día te dices “debería”, “debo de”, “tengo que”, o “tendría que”?

Seguro que cientos de ellas…

Y estoy segura, también, de que no eres consciente de ello, como le ocurre al 99% de las mujeres con las que he trabajado.

Y dirás…

¿Qué importancia puede tener eso para mí?

¿En qué me puede afectar?

Pues permite que te pregunte:

  • ¿Eres muy exigente contigo misma?
  • ¿Te consideras una persona muy autocrítica? Incluso, ¿te dicen que eres algo criticona?
  • ¿Y perfeccionista? ¿No sabes parar hasta que todo no está como tú quieres?

Porque si te defines así, te puedo garantizar que, en un 99% de las veces, te estás hablando desde ese “debería”, “debo de”, “tengo que”, o “tendría que”.

¿Y con que te conecta ese modo de hablarte o ese dialogo interno?

Esas palabras, te conectan con una obligación. Con algo que viene de fuera y que si o si has de hacer.

¿Y en concreto con qué?

Con lo que el análisis transaccional, una disciplina con la que trabajo, denomina el Estado Padre Critico.

Te hablaré en otro post acerca de ello. Pero hoy basta con que te quedes con la idea de que, hablarte desde ese Estado, te conecta con  cómo te hablaría una figura de autoridad de tu infancia. Ya sea tu padre, tu madre, tu abuela, un maestro…

El caso es que, al hablarte así, sientes como si ese padre, madre, abuelo o maestro te estuviera regañando o exigiendo algo que te ves obligada a hacer.

Y ¿qué ocurre si alguien te obliga a hacer algo?

Pues que te genera rechazo y te genera estrés.  Incluso si son cosas que quieres hacer. Si te hablas desde ese estado, las percibirás como una obligación y te estresarán.

Si haces esto de vez en cuando, no pasará nada….

Pero…si eres exigente, perfeccionista y autocrítica, como yo lo era, y como muchas de las mujeres con las que he trabajado, tenderás a hablarte así durante todo el día.

O lo que es lo mismo, cada minuto de tu día te cargarás a la espalda con una nueva obligación.

Y cuando no llegues a todas (porque te será materialmente imposible cumplir con todo lo que te exiges) el estrés se hará mayor. Se cronificará y te empezará a pasar factura. Con las consecuencias que ello tiene sobre tu fertilidad.

Ya que reduce hasta en un 29% tu capacidad para quedarte embarazada y llevar a buen término un embarazo sano.

Conclusión: Tu exigencia, tu afán de perfeccionismo y tu carácter crítico, que te han ayudado a crecer a mejorar en tu vida y a lograr grandes objetivos…hoy no te están ayudando.

Cuesta procesarlo ¿no?

A mi me costó entender que no solo no me estaban ayudando a lograr mi objetivo de ser madre, sino que me estaban impidiendo disfrutar plenamente de mi vida.

Y ¿qué puedes hacer para dejar de obligarte?

Si es tu caso…

 En primer lugar, empieza a ser consciente de cómo te hablas. Tus palabras importan.

Cada vez que sientas estrés, párate y piensa: ¿Me estoy obligando a algo? ¿Me estoy hablando desde el “debería”, “debo de”, “tengo que”,  o “tendría que”?

Y si es así, te recomiendo que cambies esas palabras por el “quiero” o el “elijo” que usarías desde el Estado Adulto….

En vez de decir, por ejemplo, “Tengo que ir a la pelu” (Que te hace sentir dejada, incluso fea, o que no estás bien. Que lo percibes como algo obligatorio y que si no lo haces te hará sentir mal)

Prueba a decirte: “Esta semana quiero ir a la pelu”. (Te conecta con pensar en ti, dedicarte un tiempo para estar guapa o cuidarte. Y sino lo haces, no pasa nada… Es porque has cambiado de opinión y dado prioridad a otra cosa. Punto)

Prueba a cambiarlo en una frase que te digas a menudo…

A que te quita peso… ¿no te sientes mejor?

El caso es que, tras cambiar tus palabras, a veces, tomarás consciencia de que realmente no quieres hacer algo que estabas haciendo.

Ocurre por ejemplo si ejerces el papel “perpetradora”, contigo misma o el de “salvadora” (del Triángulo de Karpman). Te obligas diciendo “Tengo que hacer esto por tal persona o solucionar este problema a tal otra…

Es el momento, entonces, de volver a parar, hablarte desde el “Quiero” o “Elijo”, de replantearte tus prioridades y, quizás, de empezar a marcar limites o de aprender a decir no

Pero, bueno…. eso será objeto de otro post.

Un último consejo…

Por si te sirve, te animo a que pruebes también con la siguiente frase:

“Tengo que ser madre”. ¿Quizá te conecta con lo que quiere tu pareja, te dice tu madre o la sociedad? O con la frase “Tengo que hacerme un tratamiento de RA”. Te conecta con que ya eres muy mayor, muy vieja, tienes baja reserva…¡Que estrés! Menuda obligación y carga sobre tus espaldas si no lo consigues ¡ya!

Ahora cambia a “Quiero ser madre”. ¿No te conecta con esa posibilidad? Con que elijes tomar este camino… Pero no desde la exigencia, sino desde el amor hacia ti misma a y a tu pareja. Quizá requiera de algunos reajustes (menos horas de trabajo, pedir ayuda para organizaros, mejorar aspectos de ti misma que no quieres transmitir a tu bebé…pues ¡adelante con lo que quieres para tu vida!)

Empieza a cambiar el modo en el que te hablas. Porque las palabras importan y crean tu realidad.

Y por supuesto afectan al estrés que te autogeneras en tu día a día.

Depende de ti.

¿Obligación o elección?

Y tu ¿en qué vas a dejar de obligarte?.  Me encantará leer tu comentario.

 

¿Te cuesta aceptar que has de recurrir a un tratamiento para ser madre?

No sé si te pasa…Hayas iniciado o no un tratamiento de reproducción asistida … ¿No te cuesta aceptar que has de recurrir a un Tratamiento para ser madre?

Aunque sabes que no pasa nada por servirte de ellos y estés dispuesta a hacerlo para logar tu objetivo, yo oía una voz interior que me decía:

  • “no es lo normal”….
  • “eso es porque tu no vales y no puedes lograrlo sola”….

Algunos médicos también se encargan de alimentar esa idea, pero hoy no vengo a hablar de eso.

¿Alguno de estos pensamientos ha rondado tu cabeza?

Si lo has pensado alguna vez, quisiera transmitirte dos cosas:

  • Hablar de tratamientos es aún un tema tabú con el que has de acabar. Nadie te juzga por ello, solo tú misma y casi siempre te condenas…Está probado que las mujeres que hablan de lo que están viviendo y sintiendo, tienen más posibilidades de lograrlo, ya que el aislamiento se asocia con un mayor nivel de estrés. Con lo que te recomiendo que empieces a buscar tu círculo de apoyo, hoy mismo, si has de pasar por uno.
  • Segundo y más importante… Todo eso que te dices, solo está en tu mente y, lo peor, no te está ayudando. Si te dices que no vales… no valdrás. Tu mente crea su propia realidad (que no sea real) y tiene la costumbre darse la razón. Y…depende de ti, darle la vuelta a esas falsas creencias que te están limitando. ¡Puedes hacerlo!

Y para ayudarte a romper con ese tabú y a acabar con esos pensamientos negativos que están interfiriendo en tu proceso, tengo el placer de compartir contigo hoy un precioso texto.

 Lo escribió una alumna de la primera edición del Taller Creando el Nido, Beatriz Tierno.

Su historia se titula:

FIV: Fabricad@ con Ilusión y Valor

Todo lo que aprendí de la infertilidad en general y de la Fecundación In Vitro en particular

 

Te dejo con ella. Estoy segura que no te dejará indiferente.

>>> Haz clic aquí para leerla

Confío que te ayuden sus aprendizajes  🙂

Un error fatal que no te ayudará a quedarte embarazada

He trabajado con cientos de mujeres.

Muchas llevaban años queriendo quedarse embarazadas y no lo conseguían.

Y… una constante que se repite en todas ellas. Algo que las que lo han conseguido tuvieron que cambiar es que…

No. Antes de desvelarte qué es permite que te pregunte.

 ¿Te reconoces en alguna de estas afirmaciones?

  • Si consigo ser mama, mi bebé será lo primero.
  • Siempre antepongo los deseos y necesidades de los demás a los míos. Soy alguien con quien todos (mi familia, mis amigos o en el trabajo) pueden contar. Aunque ello suponga olvidarme de mi misma.
  • He dejado mi vida en stand by por la búsqueda de un embarazo. Ya no salgo casi, ni bebo, he pospuesto viajes, he rechazado, he dejado de buscar o no cambio de trabajo por si me fuera a quedar…
  • Me importa demasiado lo que piensen los demás…No puedo evitar esforzarme por complacerles, aunque ello me agote y luego me haga sentir mal.

Has adivinado ya ¿qué constante hay detrás?

Pues si has respondido si a alguna de las preguntas anteriores, estás olvidándote de pensar en ti misma.

Y eso…

¿Qué está provocando en tu vida, no pensar en ti?

Hablemos de las consecuencias…

Las consecuencias son muchas, pero las más habituales son:

  • Rabia que canalizas en forma de arrebatos de ira. Como la gotita y el vaso de agua… vas dejando que se llene y explotas con el que menos culpa tiene. Y, lo peor es que luego te sientes fatal.
  • Tristeza. Puede que en tu familia te enseñasen a callar esa rabia o a no expresarla. Por eso la canalizas o llorando o guardándotela para ti. Esto, es lo más destructivo que puedes hacer. La energía de la rabia es de las más potentes de la naturaleza. De hecho, es tan potente que te puede salvar la vida. Ahora, si te la guardas dentro, de algún modo se ha de manifestar, ya sea en forma de comportamientos destructivos o de alguna enfermedad. (Como las localizadas en el tiroides, en la espalda, en el estómago y también en el útero, si rechazas aspectos que asocias a la maternidad)
  • Comportamientos destructivos, como comer en exceso, o comida basura, fumar, autocriticarte y autoexigirte en extremo, perseguir o culpar a de tus seres queridos (criticando o juzgándoles), entre otros.
  • Estrés, ansiedad con todos los síntomas asociados como insomnio, tensión…y por supuesto desajustes hormonales (aumenta la prolactina y el cortisol) que afectan a tu capacidad para concebir.

¿Que piensa tu inconsciente de todo ello?

 

Pero lo peor no es todo esto.

Lo peor es que tu inconsciente piensa que, si esto ocurre ahora, que se supone tienes más tiempo ¿qué pasará cuando llegue un bebe?

La respuesta es que tu estarás aun más en la cola. Si ahora no atiendes tus necesidades, con un bebé, ten por seguro que lo harás menos aún.

Conscientemente puedes decirte lo que quieras…

  • Me organizaré mejor,
  • Pediré ayuda,
  • Mi pareja se me involucrará más…

Pero para tu inconsciente no son más que palabras. Has roto compromisos contigo misma demasiadas veces… Ya no te cree en ti.

Tu inconsciente sabe que, si no lo has hecho ya ¿Por qué habrías de hacerlo con una carga de trabajo mayor?

Él sabe que ello no ocurrirá. Y como no puede permitir que vayas a peor, no te dejará avanzar en tu proyecto de maternidad, hasta que no logres romper con algo de lo anterior.

Y sé que es difícil…

¿Pero porque te cuesta tanto pensar en ti misma?

Descubre qué hay detrás

Pueden ser muchos los factores que esté operando en este sentido. Comento a continuación los dos más habituales.

Experiencias del pasado (de tu niñez o adolescencia) que no supiste gestionar

Situaciones en las que te no te sentiste querida o valorada o tenida en cuenta. Éstas te causaron un dolor profundo que has de sanar.

Cada situación que te enfrenta a una situación similar te hace volver a conectar con cómo te comportaste entonces.

Si entonces decidiste que, para ser amada, para que te valorasen o para te atendieran, ayudarías más, o harías más y mejor las cosas o responsabilizarías de hacer tareas que les correspondían a otros, inconscientemente sigues haciéndolo ahora cuando necesitas sentirte así: Querida, valorada o atendida.

Debajo de esa necesidad de hacer todo por los demás, de ejercer de salvadora de todos, o de intentar que todos estén bien a tu alrededor, hay un miedo a que no te quieran o a no valer sino les ayudas, si no ejerces ese rol.

Mandatos o contramandatos que aprendiste en tu familia

Y eso ¿qué es?

Para entendernos… una orden no verbal o verbal que recibiste o aprendiste de tus padres o abuelos y que interiorizaste para poder pertenecer a tu familia y ser aceptada y querida en ella. Te pongo algunos ejemplos:

  • Si viste en tu madre esa necesidad de complacer o sacrificarte por todos los demás, aun a costa de ella, puedes haber crecido imitando ese comportamiento, sin darte cuenta.
  • Puede que te dijeran cosas tipo “no seas egoísta” y por ello puedes creer que pensar en ti está mal.
  • Si has crecido viendo que tus padres trabajaban muchísimo, o te exigían mucho, puedes tener problemas para permitirte parar o dejar de hacer.

Estos mandatos y contramandatos operan a un nivel tan profundo que si los rompes sentirás culpa o ansiedad.

De ahí que las veces que hayas decidido cambiar, no haya sido fácil hacerlo.

Y… entonces ¿Cómo empezar a pensar en tí?

Descubre cómo puedes salir… PUEDES HACERLO

Dirás… Si… Se que necesito empezar a pensar en mí…

Es algo que quiero hacer…

  • Pero es tan difícil hacerlo. Siempre acabo pensando antes en los demás, sino me siento mal o siento que les estoy defraudando, o
  • Me siento culpable cuando dejo de hacer algo que tengo pendiente o cuando descanso teniendo cosas que hacer o
  • Siento que debería esforzarme, u organizarme o saber hacerlo mejor, pero por más que lo intento no lo consigo.

Si te dices algo de lo anterior, no eres la única.

Yo me decía cosas así y muchas mujeres con las que he trabajado.

Lo bueno es que todo ello, se puede cambiar. Son creencias y comportamientos aprendidos y como tales se pueden desaprender.

Depende de ti…

Puedes empezar a priorizarte, a darte permiso para pensar en ti y para dedicarte tu tiempo o seguir autogenerándote estrés, con las consecuencias que éste tiene en tu vida y en tu fertilidad.

Para hacerlo, te animo a que empieces a escuchar tu rabia y las alertas que te da tu cuerpo. Si, esas molestias que sientes en el estómago, en el pecho, en la garganta, en la espalda, en el vientre, o en cualquier otro lugar, y que sueles desatender.  

Cuando las sientas, empieza a marcar límites, escucha qué necesitas y pídelo, pide ayuda y empieza a enfrentar los miedos que hay detrás de todos esos comportamientos que no te están ayudando.

Nadie puede hacerlo por ti.

Yo puedo acompañarte, mostrarte lo que no ves y ayudarte a sanar lo que hay detrás. Descubre cómo haciendo clic aquí.

Pero, insisto, depende de ti.

Como indican en los aviones, ante una falta de oxígeno, tendrías que ponerte tu la mascarilla primero y luego ponérsela a tu bebé.

Si tu no estás bien, el no lo estará. Tu inconsciente lo sabe y hasta que tu no te pongas la mascarilla, el no llegará.

Por favor, comparte conmigo. Escríbeme, ponte en contacto conmigo o déjame un comentario.

¿En qué situaciones no piensas en ti? o ¿Cómo vas a empezar a hacerlo y a ponerte la mascarilla?

 

¿Te permites parar o dejar de hacer?

¿No llegas a todo? ¿Siempre tienes mil cosas que HACER?  ¿Te falta tiempo? Y… ¿Nunca tienes tiempo para ti? ¿No te permites PARAR?

¡¡Bienvenida al club!! Muchas de las mujeres que viven con la infertilidad no se permiten DEJAR DE HACER. ¿Eres tú una de ellas?

Según mi experiencia, en general, somos muy exigentes y bastante críticas, con nosotras mismas, en su mayoría perfeccionistas y evitamos conectar con nuestras necesidades más profundas, “correteando” de un lado a otro, haciendo y haciendo, ya sea para nosotras o para los demás y sin permitirnos parar.

Muchas evitamos asumir o rechazamos el rol de mujer, y asumimos el rol de hombre, ya sea en nuestra familia, nuestra pareja, en el trabajo, en algún proyecto profesional que hayamos emprendido, ya sea por rechazo a algo que vimos en nuestra madre, porque modelamos aspectos de nuestro padre, o porque hemos asumido ese rol para equilibrar el sistema, aun a costa de nuestro propio equilibrio.

Y si, hablo de nuestro propio equilibrio, porque somos mujeres. La mujer está mas conectada, por naturaleza, con sus emociones y no tiene tanta necesidad de HACER, como el hombre, sino más de SER.

Y…Ser madre nos conecta con eso…Para quedarnos embarazadas, para gestar un bebé en nuestro vientre, para dar a luz, no no hay nada especial que tengamos que hacer que no esté en nuestra naturaleza, en nuestros genes, en nuestro ADN.  Así, solo hemos de permitirnos SER. Algo que muchas, sin embargo, no nos permitimos…

También solemos DES-CO-NEC-TAR-NOS de nuestras emociones y de nuestras necesidades, ya que, escucharnos, implicaría parar y dejar de hacer…

Parar, implicaría empezar a SENTIR. Sentir, quizá, culpa, angustia, miedo a no valer…

Parar implicaría descubrir NECESIDADES no atendidas. Quizá, necesidad de pedir ayuda, de permitirnos ser falibles, de descansar, de disfrutar de tiempo para nosotras…

Ahora bien, si no nos permitimos parar, escucharnos y atender esas necesidades, muy probablemente, NADA CAMBIARÁ.

La infertilidad nos esta confrontando con algo que necesitamos ver y aprender.

Nuestro inconsciente, que es sabio, sabe que un bebé, cuando viene al mundo, necesita de su madre para sobrevivir. Necesita que su madre esté atenta a sus necesidades, para poder cubrirlas, que sepa interpretar sus gestos, emociones y comportamientos para entender, sin palabras, lo que le pasa, como se siente y que necesita.

Ahora bien si no somos capaces de parar, escucharnos a nosotras mismas, de entender nuestras emociones y darnos lo que necesitamos…¿Cómo seremos capaces de hacerlo con un bebe? …y nuestro inconsciente lo sabe…

Empieza ya a darte el permiso de solo SER, solo ESTAR, sin hacer…Escucha las emociones que surgen, sin juicio, y trabaja lo que hay detrás…Descubre las necesidades que no estas atendiendo de ti misma y te estarás preparando para atender las de tu bebé.

Si no lo haces por ti misma, que espero que sí, hazlo por el que vendrá…

Comprométete HOY, AQUÍ Y AHORA, con él o ella y contigo misma …¿Qué vas a permitirte, en adelante, dejar de hacer? ¿Qué emoción surge, al hacerlo, que vas a empezar a trabajar? ¿Qué necesidad, no escuchada hasta ahora, vas a permitir atender?

Si necesitas apoyo en este camino, por favor, no dudes en ponerte en contacto con nosotros. Estaremos encantados de poder acompañarte en la búsqueda de tu equilibrio.

 

 

Las llaves de la felicidad

Jose María Doria, en su libro Cuentos para Aprender a Aprendercompila una selección de cuentos y leyendas milenarias de la tradición Sufí, India y Zen, que completa con sus pensamientos y reflexiones acerca de hombre y los desafíos a los que nos enfrentamos De entre estos relatos os comparto el titulado “Las llaves de la Felicidad”.

“En una oculta y misteriosa dimensión del universo se halaban reunidas las fuerzas creadoras de los mundos, dispuestas a realizar su papel con el ser humano e un hermoso planeta azul.

Como quiera que tales dioses tenían un gran sentido del humor, decidieron gastar una enorme broma al ser humano; en realidad la broma mas importante de la vida sobre la Tierra.

Para ello decidieron determinar, nada mas y nada menos, cual seria el lugar a los que a los seres humanos les costarías más encontrar. Una vez hallado éste, depositarían allí las llaves de la Felicidad.

-Las esconderemos en lo más profundo de los mares- dijo uno de ellos.

-Ni hablar- repuso otro rápidamente. El ser humano avanzará en sus ingenios científicos y será capaz de llegar allí y encontrarlas.

– Bueno, pues también podríamos esconderlas en lo profundo de los volcanes. Dijo otro.

– Tampoco. Volvió a replicar un tercero. Resultará inútil, porque igual que logrará dominar las aguas, también será capaz de dominar el fuego.

– Y por qué no bajo las rocas más sólidas y profundas de la tierra? – propuso otro.

– Inútil- replicó un compañero. En unos miles de años el hombre dispondrá de capacidades increíbles para sondear los subsuelos y extraer los metales y piedras preciosas que desee.

– Ya lo tengo- dijo uno que, hasta entonces, no había hablado. Esconderemos las llaves en las altas nubes del cielo.

– Tonterías-replicó otro de los presentes. Todos sabemos que los humanos no tardarán en volar y dominar los aires y en poco tiempo las hallarían.

Un silencio se hizo en el seno del insólito cónclave de dioses. Hasta que hablo el más ingenioso de ellos que, con solemnidad, dijo:

– Las esconderemos donde, por más que busque, tardará mucho tiempo en suponer e imaginar. En el lugar del Universo dónde el hombre tardará más en mirar: En el interior de su corazón…

Y todos estuvieron de acuerdo.”

Este cuento me hace pensar en que muchas de nosotras batallamos y luchamos a diario por obtener la felicidad, pero solemos buscarla siempre fuera. Nos decimos que seremos felices, cuando acabemos los estudios, cuando compremos la casa perfecta, cuando encontremos el trabajo ideal o la pareja de nuestros sueños, cuando nos casemos, cuando compremos el coche soñado o hagamos un viaje a una isla paradisíaca…y, por qué no, cuando seamos madres y tengamos a nuestro bebé en nuestros brazos…

Con todo, lo que he aprendido y trato de recordar a diario es que, la felicidad no llega cuando conseguimos lo que deseamos, sino cuando sabemos disfrutar de los que tenemos y de quienes somos.

Como señala el relato, la llave de nuestra felicidad está en nuestro corazón, y, yo añadiría, también, en nuestra mente… Solo aprendiendo a gestionar nuestros pensamientos y emociones, encontraremos nuestra felicidad.

Deseo de corazón que la encuentres este año… no soñando con el mañana, sino viviendo y disfrutando del hoy, de tu presente.  

No hay mejor momento para ser feliz que éste y las llaves siempre han estado en tu interior. ¿Te animas a buscarlas?

Si necesitas ayuda en tu búsqueda, estaré encantada de acompañarte en tu camino.

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