Posibles bloqueos sistémicos a la fertilidad

Todos formamos parte de un sistema… Vivir en sociedad implica pertenecer a diversos grupos (familia, amigos, compañeros de trabajo, barrio, localidad, ciudad, país…) cada uno de los cuales conforma un sistema único de relaciones interpersonales.

A lo largo de nuestra vida vamos ejerciendo roles o papeles diferentes en dichos grupos o sistemas (hija, esposa, madre joven, madre madura, abuela…, amiga, profesora, compañera…) lo que va conformando, progresivamente, nuestra identidad.

De entre todos los sistemas, la familia  es considerada como el primer sistema social (Belsky, 1997; Moreno y Cubero, 1990; Schaffer, 1989) y, como tal, las interacciones o roles que definen nuestras relaciones familiares, las vivencias y las experiencias acontecidas en el seno familiar son las que más afectan y marcan nuestra personalidad e identidad.

Por todo lo anterior, en casos de esterilidad o infertilidad es recomendable revisar nuestra historia familiar y personal, desde el punto de vista sistémico, para determinar si existen circunstancias que puedan estar afectando negativamente a nuestra posibilidad de tener descendencia. Algunas  de ellas pueden ser:

  • La falta del padre o madre en el sistema familiar. Ya sea debido al fallecimiento, a un abandono, a una separación, a un divorcio o a que un progenitor haya evitado el contacto de sus hijos con el otro progenitor. La teoría sistémica no acepta la existencia de espacios vacíos y afirma que el sistema acaba alcanzando el equilibrio de algún modo. Esto puede ocurrir mediante la repetición, es decir, en el caso de la hija, que ésta repita el esquema que vivió, excluyendo, por ejemplo, a algún hombre en su vida futura o, por oposición, es decir, siendo ella excluida como mujer, bien sea en una pareja o como madre para un futuro hijo. Ello puede deberse a que el progenitor que queda suele parentalizar a la hija pidiéndole se convierta en sustituta del progenitor fallecido o ausente, abrumándole con excesivas responsabilidades.  Esta suele acabar desempeñando roles paternos o maternos que en realidad no le corresponden, como pudieran ser la manutención,  la autoridad o la responsabilidad y maternaje de sus hermanos, que pueden llegar a impedir que asuma nuevos roles en pareja o en un sistema conyugal, como los de esposa y madre.
  • Cualquier tema vinculado con la vida o la muerte no resuelto, como por ejemplo la muerte de alguna madre en el parto en la historia familiar; el fallecimiento de algún bebé en la familia al momento de nacimiento o en su primera infancia.; los abortos (naturales o espontáneos) que hayamos experimentado, ya sea con nuestra pareja o con parejas previas, así como lo experimentados por nuestra madre; cualquier tipo de responsabilidad en un fallecimiento o cualquier duelo no bien elaborado. Respecto al duelo, no existe consenso acerca de cuál es la duración normal en adultos, que variará dependiendo de la naturaleza de la pérdida y de la relación que hubiéramos mantenido con el difunto.  Muchos autores consideran normal una duración entre uno y dos años y otros hablan de, incluso, cuatro. Ahora bien, un duelo no adecuadamente elaborado puede provocar que revivamos la pérdida años después.  Los niños son un grupo un grupo especialmente vulnerable, en este sentido, dado que no cuentan con un desarrollo cognitivo adecuado para comprender el hecho ni con las habilidades sociales y personales necesarias para enfrentarse a los sentimientos provocados por la pérdida. Todo ello manejado por un predominio del pensamiento “mágico” hace que puedan llegar a sentirse, incluso, causantes del evento.
  • Problemas o cuestiones con las mujeres de nuestra familia. Sea porque las rechazamos o renegamos de ellas de alguna manera. En este sentido, como ya hemos comentado en otro post, la calidad del maternaje recibido puede acabar condicionando nuestra futura maternidad. 

Si te ves reconocida en alguno de los casos anteriores te animo a que sanes la situación, a que ocupes el lugar que deseas y que te corresponde en el sistema como responsable de tu propio destino. Permítete continuar con tu vida y conectar con la posibilidad de dar la vida, que es lo que garantiza la continuidad del gran sistema al que pertenecemos.

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