Exigentes, autocríticas y perfeccionistas y obligaciones

Solo para exigentes, autocríticas y perfeccionistas

¿Cuántas veces al día te dices “debería”, “debo de”, “tengo que”, o “tendría que”?

Seguro que cientos de ellas…

Y estoy segura, también, de que no eres consciente de ello, como le ocurre al 99% de las mujeres con las que he trabajado.

Y dirás…

¿Qué importancia puede tener eso para mí?

¿En qué me puede afectar?

Pues permite que te pregunte:

  • ¿Eres muy exigente contigo misma?
  • ¿Te consideras una persona muy autocrítica? Incluso, ¿te dicen que eres algo criticona?
  • ¿Y perfeccionista? ¿No sabes parar hasta que todo no está como tú quieres?

Porque si te defines así, te puedo garantizar que, en un 99% de las veces, te estás hablando desde ese “debería”, “debo de”, “tengo que”, o “tendría que”.

¿Y con que te conecta ese modo de hablarte o ese dialogo interno?

Esas palabras, te conectan con una obligación. Con algo que viene de fuera y que si o si has de hacer.

¿Y en concreto con qué?

Con lo que el análisis transaccional, una disciplina con la que trabajo, denomina el Estado Padre Critico.

Te hablaré en otro post acerca de ello. Pero hoy basta con que te quedes con la idea de que, hablarte desde ese Estado, te conecta con  cómo te hablaría una figura de autoridad de tu infancia. Ya sea tu padre, tu madre, tu abuela, un maestro…

El caso es que, al hablarte así, sientes como si ese padre, madre, abuelo o maestro te estuviera regañando o exigiendo algo que te ves obligada a hacer.

Y ¿qué ocurre si alguien te obliga a hacer algo?

Pues que te genera rechazo y te genera estrés.  Incluso si son cosas que quieres hacer. Si te hablas desde ese estado, las percibirás como una obligación y te estresarán.

Si haces esto de vez en cuando, no pasará nada….

Pero…si eres exigente, perfeccionista y autocrítica, como yo lo era, y como muchas de las mujeres con las que he trabajado, tenderás a hablarte así durante todo el día.

O lo que es lo mismo, cada minuto de tu día te cargarás a la espalda con una nueva obligación.

Y cuando no llegues a todas (porque te será materialmente imposible cumplir con todo lo que te exiges) el estrés se hará mayor. Se cronificará y te empezará a pasar factura. Con las consecuencias que ello tiene sobre tu fertilidad.

Ya que reduce hasta en un 29% tu capacidad para quedarte embarazada y llevar a buen término un embarazo sano.

Conclusión: Tu exigencia, tu afán de perfeccionismo y tu carácter crítico, que te han ayudado a crecer a mejorar en tu vida y a lograr grandes objetivos…hoy no te están ayudando.

Cuesta procesarlo ¿no?

A mi me costó entender que no solo no me estaban ayudando a lograr mi objetivo de ser madre, sino que me estaban impidiendo disfrutar plenamente de mi vida.

Y ¿qué puedes hacer para dejar de obligarte?

Si es tu caso…

 En primer lugar, empieza a ser consciente de cómo te hablas. Tus palabras importan.

Cada vez que sientas estrés, párate y piensa: ¿Me estoy obligando a algo? ¿Me estoy hablando desde el “debería”, “debo de”, “tengo que”,  o “tendría que”?

Y si es así, te recomiendo que cambies esas palabras por el “quiero” o el “elijo” que usarías desde el Estado Adulto….

En vez de decir, por ejemplo, “Tengo que ir a la pelu” (Que te hace sentir dejada, incluso fea, o que no estás bien. Que lo percibes como algo obligatorio y que si no lo haces te hará sentir mal)

Prueba a decirte: “Esta semana quiero ir a la pelu”. (Te conecta con pensar en ti, dedicarte un tiempo para estar guapa o cuidarte. Y sino lo haces, no pasa nada… Es porque has cambiado de opinión y dado prioridad a otra cosa. Punto)

Prueba a cambiarlo en una frase que te digas a menudo…

A que te quita peso… ¿no te sientes mejor?

El caso es que, tras cambiar tus palabras, a veces, tomarás consciencia de que realmente no quieres hacer algo que estabas haciendo.

Ocurre por ejemplo si ejerces el papel “perpetradora”, contigo misma o el de “salvadora” (del Triángulo de Karpman). Te obligas diciendo “Tengo que hacer esto por tal persona o solucionar este problema a tal otra…

Es el momento, entonces, de volver a parar, hablarte desde el “Quiero” o “Elijo”, de replantearte tus prioridades y, quizás, de empezar a marcar limites o de aprender a decir no

Pero, bueno…. eso será objeto de otro post.

Un último consejo…

Por si te sirve, te animo a que pruebes también con la siguiente frase:

“Tengo que ser madre”. ¿Quizá te conecta con lo que quiere tu pareja, te dice tu madre o la sociedad? O con la frase “Tengo que hacerme un tratamiento de RA”. Te conecta con que ya eres muy mayor, muy vieja, tienes baja reserva…¡Que estrés! Menuda obligación y carga sobre tus espaldas si no lo consigues ¡ya!

Ahora cambia a “Quiero ser madre”. ¿No te conecta con esa posibilidad? Con que elijes tomar este camino… Pero no desde la exigencia, sino desde el amor hacia ti misma a y a tu pareja. Quizá requiera de algunos reajustes (menos horas de trabajo, pedir ayuda para organizaros, mejorar aspectos de ti misma que no quieres transmitir a tu bebé…pues ¡adelante con lo que quieres para tu vida!)

Empieza a cambiar el modo en el que te hablas. Porque las palabras importan y crean tu realidad.

Y por supuesto afectan al estrés que te autogeneras en tu día a día.

Depende de ti.

¿Obligación o elección?

Y tu ¿en qué vas a dejar de obligarte?.  Me encantará leer tu comentario.

 

8 pensamientos sobre “Solo para exigentes, autocríticas y perfeccionistas”

  1. La verdad que todas las palabras me resuenan, la obligación es con una misma, se lo impone uno siempre pero yo estoy en un esfuerzo que va y viene pero sigo tirando elegir este camino desde el amor que tengo y que me hace seguir

    1. Marianela, mil gracias por tu mensaje.
      Estoy segura que esa perseverancia y ese amor acabarán dando sus frutos.
      Aunque si me permites, te animo a que cambies el modo en el que te hablas. Deja a un lado ese “esfuerzo” y empieza a fluir con los cambios que la vida te pide. Si te dices “sigo tirando…” te conectas con una obligación y no con ese amor que tienes para dar.
      Recuerda, tus palabras importan. Se que es dificil cambiarlas, pero ¡TU PUEDES!.
      Feliz día y un beso

  2. Artículo muy bueno, en mi caso he de decir que el decir “quiero” me llena la boca y me genera una sonrisa; mientras que el “tengo” me hace hacerme más pequeñita!

    1. Mil gracias por tu feedback Eva y por tu mensaje. Me ayuda a seguir trabajando en esta línea.
      Coincido contigo en que el “Quiero” te llena la boca. Es por que te conecta con tu Estado Adulto y con tu capacidad para enfrentar las situaciones que te plantea la vida, desde ese estado de fuerza y empoderamiento y de conexión con todos tus recursos.
      Mientras que el “Tengo que”, como indico en el artículo, te conecta con alguien de tu infancia que te estuviera hablando desde el Estado Padre. Y eso que te hace conectarte y reaccionar desde tu Estado Niño…lo que, como dices, te hace sentir pequeñita. Ya que los recursos que tenías de niña para afrontar ese tipo de situaciones no tienen nada que ver con los que dispones hoy, como adulta.
      Ya sabes, cuando te sientas pequeñita, es que no te estás hablando bien. Cambia tu dialogo interno, cambiarás tu emoción y, por supuesto, tus comportamientos y los resultados que estás obteniendo..
      Un beso y feliz dia

  3. Necesito cambiar mi diálogo interno por:”quiero” se oye más bonito me trásmite seguridad, confianza y cariño en mi misma y por lo que realmente deseo hacer con mi vida …gracias por compartir estos sabios consejos te mando un fuerte abrazo !!😘🌹

    1. Ninfa guapísima, adelante con esos cambios.
      Conecta con esa seguridad, confianza y cariño por ti misma y trabaja el miedo que hay detrás ( y que todas tenemos…a no valer, a que no nos queiran…) para que poco a poco se vaya diluyendo y que, cada día, sea más facil hacer lo que realmente deseas.
      Un beso y feliz semanita

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