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¿Te cuesta aceptar que has de recurrir a un tratamiento para ser madre?

No sé si te pasa…Hayas iniciado o no un tratamiento de reproducción asistida … ¿No te cuesta aceptar que has de recurrir a un Tratamiento para ser madre?

Aunque sabes que no pasa nada por servirte de ellos y estés dispuesta a hacerlo para logar tu objetivo, yo oía una voz interior que me decía:

  • “no es lo normal”….
  • “eso es porque tu no vales y no puedes lograrlo sola”….

Algunos médicos también se encargan de alimentar esa idea, pero hoy no vengo a hablar de eso.

¿Alguno de estos pensamientos ha rondado tu cabeza?

Si lo has pensado alguna vez, quisiera transmitirte dos cosas:

  • Hablar de tratamientos es aún un tema tabú con el que has de acabar. Nadie te juzga por ello, solo tú misma y casi siempre te condenas…Está probado que las mujeres que hablan de lo que están viviendo y sintiendo, tienen más posibilidades de lograrlo, ya que el aislamiento se asocia con un mayor nivel de estrés. Con lo que te recomiendo que empieces a buscar tu círculo de apoyo, hoy mismo, si has de pasar por uno.
  • Segundo y más importante… Todo eso que te dices, solo está en tu mente y, lo peor, no te está ayudando. Si te dices que no vales… no valdrás. Tu mente crea su propia realidad (que no sea real) y tiene la costumbre darse la razón. Y…depende de ti, darle la vuelta a esas falsas creencias que te están limitando. ¡Puedes hacerlo!

Y para ayudarte a romper con ese tabú y a acabar con esos pensamientos negativos que están interfiriendo en tu proceso, tengo el placer de compartir contigo hoy un precioso texto.

 Lo escribió una alumna de la primera edición del Taller Creando el Nido, Beatriz Tierno.

Su historia se titula:

FIV: Fabricad@ con Ilusión y Valor

Todo lo que aprendí de la infertilidad en general y de la Fecundación In Vitro en particular

 

Te dejo con ella. Estoy segura que no te dejará indiferente.

>>> Haz clic aquí para leerla

Confío que te ayuden sus aprendizajes  🙂

Un error fatal que no te ayudará a quedarte embarazada

He trabajado con cientos de mujeres.

Muchas llevaban años queriendo quedarse embarazadas y no lo conseguían.

Y… una constante que se repite en todas ellas. Algo que las que lo han conseguido tuvieron que cambiar es que…

No. Antes de desvelarte qué es permite que te pregunte.

 ¿Te reconoces en alguna de estas afirmaciones?

  • Si consigo ser mama, mi bebé será lo primero.
  • Siempre antepongo los deseos y necesidades de los demás a los míos. Soy alguien con quien todos (mi familia, mis amigos o en el trabajo) pueden contar. Aunque ello suponga olvidarme de mi misma.
  • He dejado mi vida en stand by por la búsqueda de un embarazo. Ya no salgo casi, ni bebo, he pospuesto viajes, he rechazado, he dejado de buscar o no cambio de trabajo por si me fuera a quedar…
  • Me importa demasiado lo que piensen los demás…No puedo evitar esforzarme por complacerles, aunque ello me agote y luego me haga sentir mal.

Has adivinado ya ¿qué constante hay detrás?

Pues si has respondido si a alguna de las preguntas anteriores, estás olvidándote de pensar en ti misma.

Y eso…

¿Qué está provocando en tu vida, no pensar en ti?

Hablemos de las consecuencias…

Las consecuencias son muchas, pero las más habituales son:

  • Rabia que canalizas en forma de arrebatos de ira. Como la gotita y el vaso de agua… vas dejando que se llene y explotas con el que menos culpa tiene. Y, lo peor es que luego te sientes fatal.
  • Tristeza. Puede que en tu familia te enseñasen a callar esa rabia o a no expresarla. Por eso la canalizas o llorando o guardándotela para ti. Esto, es lo más destructivo que puedes hacer. La energía de la rabia es de las más potentes de la naturaleza. De hecho, es tan potente que te puede salvar la vida. Ahora, si te la guardas dentro, de algún modo se ha de manifestar, ya sea en forma de comportamientos destructivos o de alguna enfermedad. (Como las localizadas en el tiroides, en la espalda, en el estómago y también en el útero, si rechazas aspectos que asocias a la maternidad)
  • Comportamientos destructivos, como comer en exceso, o comida basura, fumar, autocriticarte y autoexigirte en extremo, perseguir o culpar a de tus seres queridos (criticando o juzgándoles), entre otros.
  • Estrés, ansiedad con todos los síntomas asociados como insomnio, tensión…y por supuesto desajustes hormonales (aumenta la prolactina y el cortisol) que afectan a tu capacidad para concebir.

¿Que piensa tu inconsciente de todo ello?

 

Pero lo peor no es todo esto.

Lo peor es que tu inconsciente piensa que, si esto ocurre ahora, que se supone tienes más tiempo ¿qué pasará cuando llegue un bebe?

La respuesta es que tu estarás aun más en la cola. Si ahora no atiendes tus necesidades, con un bebé, ten por seguro que lo harás menos aún.

Conscientemente puedes decirte lo que quieras…

  • Me organizaré mejor,
  • Pediré ayuda,
  • Mi pareja se me involucrará más…

Pero para tu inconsciente no son más que palabras. Has roto compromisos contigo misma demasiadas veces… Ya no te cree en ti.

Tu inconsciente sabe que, si no lo has hecho ya ¿Por qué habrías de hacerlo con una carga de trabajo mayor?

Él sabe que ello no ocurrirá. Y como no puede permitir que vayas a peor, no te dejará avanzar en tu proyecto de maternidad, hasta que no logres romper con algo de lo anterior.

Y sé que es difícil…

¿Pero porque te cuesta tanto pensar en ti misma?

Descubre qué hay detrás

Pueden ser muchos los factores que esté operando en este sentido. Comento a continuación los dos más habituales.

Experiencias del pasado (de tu niñez o adolescencia) que no supiste gestionar

Situaciones en las que te no te sentiste querida o valorada o tenida en cuenta. Éstas te causaron un dolor profundo que has de sanar.

Cada situación que te enfrenta a una situación similar te hace volver a conectar con cómo te comportaste entonces.

Si entonces decidiste que, para ser amada, para que te valorasen o para te atendieran, ayudarías más, o harías más y mejor las cosas o responsabilizarías de hacer tareas que les correspondían a otros, inconscientemente sigues haciéndolo ahora cuando necesitas sentirte así: Querida, valorada o atendida.

Debajo de esa necesidad de hacer todo por los demás, de ejercer de salvadora de todos, o de intentar que todos estén bien a tu alrededor, hay un miedo a que no te quieran o a no valer sino les ayudas, si no ejerces ese rol.

Mandatos o contramandatos que aprendiste en tu familia

Y eso ¿qué es?

Para entendernos… una orden no verbal o verbal que recibiste o aprendiste de tus padres o abuelos y que interiorizaste para poder pertenecer a tu familia y ser aceptada y querida en ella. Te pongo algunos ejemplos:

  • Si viste en tu madre esa necesidad de complacer o sacrificarte por todos los demás, aun a costa de ella, puedes haber crecido imitando ese comportamiento, sin darte cuenta.
  • Puede que te dijeran cosas tipo “no seas egoísta” y por ello puedes creer que pensar en ti está mal.
  • Si has crecido viendo que tus padres trabajaban muchísimo, o te exigían mucho, puedes tener problemas para permitirte parar o dejar de hacer.

Estos mandatos y contramandatos operan a un nivel tan profundo que si los rompes sentirás culpa o ansiedad.

De ahí que las veces que hayas decidido cambiar, no haya sido fácil hacerlo.

Y… entonces ¿Cómo empezar a pensar en tí?

Descubre cómo puedes salir… PUEDES HACERLO

Dirás… Si… Se que necesito empezar a pensar en mí…

Es algo que quiero hacer…

  • Pero es tan difícil hacerlo. Siempre acabo pensando antes en los demás, sino me siento mal o siento que les estoy defraudando, o
  • Me siento culpable cuando dejo de hacer algo que tengo pendiente o cuando descanso teniendo cosas que hacer o
  • Siento que debería esforzarme, u organizarme o saber hacerlo mejor, pero por más que lo intento no lo consigo.

Si te dices algo de lo anterior, no eres la única.

Yo me decía cosas así y muchas mujeres con las que he trabajado.

Lo bueno es que todo ello, se puede cambiar. Son creencias y comportamientos aprendidos y como tales se pueden desaprender.

Depende de ti…

Puedes empezar a priorizarte, a darte permiso para pensar en ti y para dedicarte tu tiempo o seguir autogenerándote estrés, con las consecuencias que éste tiene en tu vida y en tu fertilidad.

Para hacerlo, te animo a que empieces a escuchar tu rabia y las alertas que te da tu cuerpo. Si, esas molestias que sientes en el estómago, en el pecho, en la garganta, en la espalda, en el vientre, o en cualquier otro lugar, y que sueles desatender.  

Cuando las sientas, empieza a marcar límites, escucha qué necesitas y pídelo, pide ayuda y empieza a enfrentar los miedos que hay detrás de todos esos comportamientos que no te están ayudando.

Nadie puede hacerlo por ti.

Yo puedo acompañarte, mostrarte lo que no ves y ayudarte a sanar lo que hay detrás. Descubre cómo haciendo clic aquí.

Pero, insisto, depende de ti.

Como indican en los aviones, ante una falta de oxígeno, tendrías que ponerte tu la mascarilla primero y luego ponérsela a tu bebé.

Si tu no estás bien, el no lo estará. Tu inconsciente lo sabe y hasta que tu no te pongas la mascarilla, el no llegará.

Por favor, comparte conmigo. Escríbeme, ponte en contacto conmigo o déjame un comentario.

¿En qué situaciones no piensas en ti? o ¿Cómo vas a empezar a hacerlo y a ponerte la mascarilla?

 

¿Te permites parar o dejar de hacer?

¿No llegas a todo? ¿Siempre tienes mil cosas que HACER?  ¿Te falta tiempo? Y… ¿Nunca tienes tiempo para ti? ¿No te permites PARAR?

¡¡Bienvenida al club!! Muchas de las mujeres que viven con la infertilidad no se permiten DEJAR DE HACER. ¿Eres tú una de ellas?

Según mi experiencia, en general, somos muy exigentes y bastante críticas, con nosotras mismas, en su mayoría perfeccionistas y evitamos conectar con nuestras necesidades más profundas, “correteando” de un lado a otro, haciendo y haciendo, ya sea para nosotras o para los demás y sin permitirnos parar.

Muchas evitamos asumir o rechazamos el rol de mujer, y asumimos el rol de hombre, ya sea en nuestra familia, nuestra pareja, en el trabajo, en algún proyecto profesional que hayamos emprendido, ya sea por rechazo a algo que vimos en nuestra madre, porque modelamos aspectos de nuestro padre, o porque hemos asumido ese rol para equilibrar el sistema, aun a costa de nuestro propio equilibrio.

Y si, hablo de nuestro propio equilibrio, porque somos mujeres. La mujer está mas conectada, por naturaleza, con sus emociones y no tiene tanta necesidad de HACER, como el hombre, sino más de SER.

Y…Ser madre nos conecta con eso…Para quedarnos embarazadas, para gestar un bebé en nuestro vientre, para dar a luz, no no hay nada especial que tengamos que hacer que no esté en nuestra naturaleza, en nuestros genes, en nuestro ADN.  Así, solo hemos de permitirnos SER. Algo que muchas, sin embargo, no nos permitimos…

También solemos DES-CO-NEC-TAR-NOS de nuestras emociones y de nuestras necesidades, ya que, escucharnos, implicaría parar y dejar de hacer…

Parar, implicaría empezar a SENTIR. Sentir, quizá, culpa, angustia, miedo a no valer…

Parar implicaría descubrir NECESIDADES no atendidas. Quizá, necesidad de pedir ayuda, de permitirnos ser falibles, de descansar, de disfrutar de tiempo para nosotras…

Ahora bien, si no nos permitimos parar, escucharnos y atender esas necesidades, muy probablemente, NADA CAMBIARÁ.

La infertilidad nos esta confrontando con algo que necesitamos ver y aprender.

Nuestro inconsciente, que es sabio, sabe que un bebé, cuando viene al mundo, necesita de su madre para sobrevivir. Necesita que su madre esté atenta a sus necesidades, para poder cubrirlas, que sepa interpretar sus gestos, emociones y comportamientos para entender, sin palabras, lo que le pasa, como se siente y que necesita.

Ahora bien si no somos capaces de parar, escucharnos a nosotras mismas, de entender nuestras emociones y darnos lo que necesitamos…¿Cómo seremos capaces de hacerlo con un bebe? …y nuestro inconsciente lo sabe…

Empieza ya a darte el permiso de solo SER, solo ESTAR, sin hacer…Escucha las emociones que surgen, sin juicio, y trabaja lo que hay detrás…Descubre las necesidades que no estas atendiendo de ti misma y te estarás preparando para atender las de tu bebé.

Si no lo haces por ti misma, que espero que sí, hazlo por el que vendrá…

Comprométete HOY, AQUÍ Y AHORA, con él o ella y contigo misma …¿Qué vas a permitirte, en adelante, dejar de hacer? ¿Qué emoción surge, al hacerlo, que vas a empezar a trabajar? ¿Qué necesidad, no escuchada hasta ahora, vas a permitir atender?

Si necesitas apoyo en este camino, por favor, no dudes en ponerte en contacto con nosotros. Estaremos encantados de poder acompañarte en la búsqueda de tu equilibrio.

 

 

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El monstruo de la sandía

 Un viajero iba atravesando una extensa y árida llanura. Llevaba cabalgando toda la mañana y se sentía sudoroso, cansado y hambriento. Observó cómo el sol empezaba a ponerse en el horizonte, entre las montañas, y se preguntó donde podría encontrar un sitio para descansar y pasar la noche. Llegó, finalmente al término de la llanura y mirando fijamente hacia abajo, en lo profundo del valle, le pareció distinguir una aldea remota, con el humo de las chimeneas evolucionando despreocupadamente sobre el cielo del atardecer.

Urgió a su caballo a bajar por el sendero que conducía al fondo del valle. Ya le parecía estar disfrutando de la bebida fría que apagaría su sed y del sabor de las delicias de la localidad, así como de la buena compañía.

Cuando llegó a las afueras de la aldea, ésta parecía estar desierta. Había una sola calle con casas y unos pocos comercios a cada lado. Pero a través de la neblina de la tarde pudo distinguir vagamente cierta actividad al otro extremo del vecindario. Urgió a su caballo en esa dirección y advirtió que los aldeanos estaban reunidos en torno a una valla que rodeaba un campo. A medida que se acercaba pudo escuchar los gritos nerviosos de la gente. Cuando le vieron, le suplicaron: “Ayúdenos, señor, sálvenos del monstruo”.

El viajero miro al campo y solo pudo ver una enorme sandia. Los aldeanos le gritaban “por favor, sálvenos señor, es un monstruo que esta a punto de atacarnos!”. El viajero les dijo: “Pero, si es solo es una sandia”. Los aldeanos le gritaban: “Es un monstruo”. El viajero replicó: “Es una sand….” Pero antes de que pudiera acabar, los enfurecidos aldeanos le bajaron del caballo y le arrojaron a una charca. Después, le ataron al caballo que fustigaron hasta hacerle desaparecer de la aldea.

Aproximadamente media hora más tarde, otro viajero iba siguiendo penosamente las huellas del otro jinete. El sol había seguid bajando en el horizonte y aun sentía más sed y hambre que el anterior. También soñaba despierto con la deliciosa bebida y la exquisita cocina de la región.

Bajó serpenteando la ladera del valle y llegó a las afueras de la aldea. Vio allí a la multitud agitándose y gritando junto a la valla.

¿Cuál es el problema?, preguntó. “Mire, un monstruo verde y feroz está a punto de atacarnos”, respondieron los aldeanos. “Así es”, dijo el viajero. “Es enorme y ciertamente muy fiero. Permitid que os ayude.”

Sacó su espada, espoleo a su caballo, saltó la valla y en menos que canta un gallo los trozos de sandía volaban por todas partes. Los aldeanos cubiertos de restos rojos de fruta y de pepitas negras, daban vítores y aplaudían enfervorizados. Pasearon al viajero por toda la aldea y le invitaron a quedarse todo el tiempo que quisiera. Le alojaron en la mejor habitación del hotel, con todos los gastos pagados, le sirvieron la mejor comida y le ofrecieron los mejores vinos de la región.

A cambio el viajero les escuchó y aprendió su cultura, su historia, sus relatos y su estilo de vida. Poco a poco se fue ganando la confianza de esas gentes y empezó a hablarles de su cultura, de su historia, sus relatos y su propio estilo de vida. Y amable y delicadamente, les enseñó a diferenciar entre un monstruo y una sandia. Algunos aldeanos, con el tiempo, se decidieron a plantar sandias en sus campos. Y cuando, al viajero, le llegó, finalmente, la hora de partir, pasó junto a hileras de enormes sandías esperando para ser cosechadas.

Un aldeano que le vio se acercó y le dijo: “Muchas gracias señor. Nos has enseñado muchas cosas. Y nos has enseñado a domar la sandía y hacer que trabaje para nosotros”.

A lo que el viajero respondió: “Tenéis efectivamente unas sandias magníficas. Pero no olvidéis jamás que incluso las sandías pueden, a veces, ser monstruos”.

Fuente: Cristina Hall. Relato incluido en el libro “La magia de la metáfora”. Nick Owen (2003).

Este relato nos enseña que no todos percibimos la realidad que nos rodea del mismo modo. Para algunos los monstruos acechan a la vuelta de la esquina, mientras que otros solo ven sandias en su lugar. Las creencias que nos han inculcado desde pequeños han marcado nuestro modo de interpretar el mundo y pueden estar condicionando nuestro modo de actuar y de pensar. Inconscientemente, emociones como el miedo y la culpa pueden estar bloqueando nuestra capacidad para avanzar y para conseguir nuestras metas y objetivos, llegando, incluso, a afectar a nuestro cuerpo y a causarnos alguna enfermedad…. aun cuando los monstruos que imaginemos no sean reales.

A veces necesitamos que alguien que perciba la realidad desde otro punto de vista, nos ayude a hacer que los monstruos, nuestras creencias y emociones limitantes, se conviertan en sandias y que trabajen en nuestro beneficio.

No todo el mundo está preparado para acompañarnos en este camino. Sólo los que han pasado por ello y han acabado con sus monstruos pueden hacerlo de manera efectiva y pueden entender lo duro que resulta cambiar y el tiempo que requiere para ver sus frutos…. Con todo, lo importante es que, si tú quieres, puedes acabar con tus monstruos y convertirlos en sandias.

Si quieres empezar te animo a que lo hagas acabando con algunas de tus creencias limitantes haciendo click en el siguiente enlace.

Como salmones nadando a contracorriente…

Hay muchos peces en el mar y parece que las que hemos vivido o estamos viviendo algún problema de infertilidad, nos ha tocado ser salmones.

Estos maravillosos peces pasan su juventud en los ríos, para posteriormente nadar hacia el mar donde se desarrollan y pasan la mayor parte de su vida adulta. Cuando han madurado regresan al río donde nacieron para reproducirse e iniciar el proceso de desove y fertilización de los huevos.

Este difícil viaje, conocido como la carrera del salmón, en una de las migraciones más extremas del reino animal, que, a veces, requiere nadar cientos de kilómetros río arriba contra las corrientes y rápidos. Los salmones utilizan toda su energía en los rigores físicos del viaje, que puede ser agotador, y en completar las transformaciones morfológicas necesarias para desovar con éxito. Dejan incluso de alimentarse durante la carrera, mientras hacen frente a números peligros: aguas turbulentas, rápidos, riscos y todo tipo de depredadores.

Muchos mueren en el intento, dudan o abandonan, dejándose llevar por las aguas que los conducen de nuevo al mar. Solo los que tienen el firme propósito de ser fecundos y creen firmemente en que lo lograrán, siguen adelante hasta alcanzar su destino, sacando fuerzas para luchar contra corriente.

Si te sientes un poco salmón, no te dejes llevar por la fuerza del agua. Descubre cómo podemos ayudarte a nadar río arriba haciendo click en el siguiente enlace.

¡¡¡El premio esta esperándote!!!

 

El estrés por quedarte embarazada puede causar infertilidad

Aunque son muchos los estudios que demuestran que el estrés afecta negativamente a nuestra capacidad para procrear, hasta hace poco no había ningún estudio que demostrase específicamente que el estrés asociado a la búsqueda de un embarazo afectase a la fertilidad natural de la mujer o al éxito de los tratamientos de reproducción asistida.

Si existían estudios que confirmaban que el estrés y la ansiedad pueden desencadenar que la pareja abandone los tratamientos de reproducción asistida, si éstos fracasan en los primeros intentos, pero hasta hace poco la idea de que “si te relajas, te quedarás embarazada” no tenía soporte científico. Los casos de mujeres que gestaron después de muchos años de búsqueda, sin ningún tipo de tratamiento, y otras que lo hicieron después de adoptar un niño, al disminuir sus niveles de ansiedad, no eran más que anécdotas que no confirmaban esta creencia popular.

Sin embrago, un reciente estudio ha demostrado por primera vez la relación entre la ansiedad por conseguir el embarazo y el aumento de la infertilidad.
Todos sabemos que la dificultad para quedar embarazada es una situación muy estresante para cualquier pareja. El hecho de no poder satisfacer una parcela tan importante del desarrollo personal como “tener hijos” afecta de forma directa a todas las esferas de nuestra vida: la autoestima, los planes de futuro, la vida de pareja, la familia, la vida social, las relaciones sexuales… En estas circunstancias, son generalizados los sentimientos de estrés y ansiedad.
Esta situación de stress emocional se intensifica durante los tratamientos de fertilidad (inseminación, fertilización in vitro, donación de ovocitos, etc.). Se han realizado diversos estudios para medir los niveles de ansiedad en distintos tipos de tratamientos médicos, y los tratamientos de reproducción son los que más carga emocional conllevan, tras los tratamientos oncológicos (radioterapia, quimioterapia…).
Pues bien, precisamente, esta ansiedad por conseguir un embarazo y el miedo a que los tratamientos salgan mal, pueden retrasar el tan deseado embarazo.

Un estudio llevado a cabo por científicos estadounidenses, que amplía otro anterior realizado en el Reino Unido, demuestra una asociación entre altos niveles de estrés y una reducción de la fertilidad. Los resultados se publicaron en la revista Human Reproduction.

En el estudio participaron 501 mujeres estadounidenses con edades comprendidas entre los 18 y los 40 años, sin problemas de fertilidad conocidos y que habían decidido comenzar a buscar un embarazo.
Se realizó un seguimiento de estas mujeres durante 12 meses o hasta que consiguieron quedar embarazadas.
Los científicos midieron la enzima alfa-amilasa y el cortisol en la saliva, que son indicadores biológicos del estrés, el primer día de cada ciclo menstrual.
Las mujeres que presentaban altos niveles de alfa-amilasa mostraron un 29% menos de probabilidades de quedar embarazadas cada mes y más del doble de probabilidades de ser infértiles en comparación con las que tenían bajos niveles de la enzima y de esta hormona.

Si crees que este es tu caso y que el estrés y la ansiedad pueden estar condicionando tu embarazo, no dudes en ponerte en contacto con nosotros, podemos ayudarte.  Por favor haz click en el siguiente enlace.