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Posibles bloqueos sistémicos a la fertilidad

Todos formamos parte de un sistema… Vivir en sociedad implica pertenecer a diversos grupos (familia, amigos, compañeros de trabajo, barrio, localidad, ciudad, país…) cada uno de los cuales conforma un sistema único de relaciones interpersonales.

A lo largo de nuestra vida vamos ejerciendo roles o papeles diferentes en dichos grupos o sistemas (hija, esposa, madre joven, madre madura, abuela…, amiga, profesora, compañera…) lo que va conformando, progresivamente, nuestra identidad.

De entre todos los sistemas, la familia  es considerada como el primer sistema social (Belsky, 1997; Moreno y Cubero, 1990; Schaffer, 1989) y, como tal, las interacciones o roles que definen nuestras relaciones familiares, las vivencias y las experiencias acontecidas en el seno familiar son las que más afectan y marcan nuestra personalidad e identidad.

Por todo lo anterior, en casos de esterilidad o infertilidad es recomendable revisar nuestra historia familiar y personal, desde el punto de vista sistémico, para determinar si existen circunstancias que puedan estar afectando negativamente a nuestra posibilidad de tener descendencia. Algunas  de ellas pueden ser:

  • La falta del padre o madre en el sistema familiar. Ya sea debido al fallecimiento, a un abandono, a una separación, a un divorcio o a que un progenitor haya evitado el contacto de sus hijos con el otro progenitor. La teoría sistémica no acepta la existencia de espacios vacíos y afirma que el sistema acaba alcanzando el equilibrio de algún modo. Esto puede ocurrir mediante la repetición, es decir, en el caso de la hija, que ésta repita el esquema que vivió, excluyendo, por ejemplo, a algún hombre en su vida futura o, por oposición, es decir, siendo ella excluida como mujer, bien sea en una pareja o como madre para un futuro hijo. Ello puede deberse a que el progenitor que queda suele parentalizar a la hija pidiéndole se convierta en sustituta del progenitor fallecido o ausente, abrumándole con excesivas responsabilidades.  Esta suele acabar desempeñando roles paternos o maternos que en realidad no le corresponden, como pudieran ser la manutención,  la autoridad o la responsabilidad y maternaje de sus hermanos, que pueden llegar a impedir que asuma nuevos roles en pareja o en un sistema conyugal, como los de esposa y madre.
  • Cualquier tema vinculado con la vida o la muerte no resuelto, como por ejemplo la muerte de alguna madre en el parto en la historia familiar; el fallecimiento de algún bebé en la familia al momento de nacimiento o en su primera infancia.; los abortos (naturales o espontáneos) que hayamos experimentado, ya sea con nuestra pareja o con parejas previas, así como lo experimentados por nuestra madre; cualquier tipo de responsabilidad en un fallecimiento o cualquier duelo no bien elaborado. Respecto al duelo, no existe consenso acerca de cuál es la duración normal en adultos, que variará dependiendo de la naturaleza de la pérdida y de la relación que hubiéramos mantenido con el difunto.  Muchos autores consideran normal una duración entre uno y dos años y otros hablan de, incluso, cuatro. Ahora bien, un duelo no adecuadamente elaborado puede provocar que revivamos la pérdida años después.  Los niños son un grupo un grupo especialmente vulnerable, en este sentido, dado que no cuentan con un desarrollo cognitivo adecuado para comprender el hecho ni con las habilidades sociales y personales necesarias para enfrentarse a los sentimientos provocados por la pérdida. Todo ello manejado por un predominio del pensamiento “mágico” hace que puedan llegar a sentirse, incluso, causantes del evento.
  • Problemas o cuestiones con las mujeres de nuestra familia. Sea porque las rechazamos o renegamos de ellas de alguna manera. En este sentido, como ya hemos comentado en otro post, la calidad del maternaje recibido puede acabar condicionando nuestra futura maternidad. 

Si te ves reconocida en alguno de los casos anteriores te animo a que sanes la situación, a que ocupes el lugar que deseas y que te corresponde en el sistema como responsable de tu propio destino. Permítete continuar con tu vida y conectar con la posibilidad de dar la vida, que es lo que garantiza la continuidad del gran sistema al que pertenecemos.

Sana a tu niñ@ interior…

La infancia es una etapa de grandes aprendizajes…Es la fase de nuestra vida que más condiciona  nuestro carácter y en la que se sientan las bases de nuestra personalidad.

Las experiencias que vivimos de niñ@s, cuando nuestro cerebro es aun un lienzo en blanco, fomentan en nosotros ciertos valores, forjan nuestras creencias,  tanto potenciadoras como limitantes, desarrollan nuestros hábitos y comportamientos así como la mayoría de las capacidades y habilidades que utilizamos de adultos.

Como parte de estas experiencias, tod@s hemos vivido situaciones en las que nos hemos sentido heridos, ya fuera física o psicológicamente.

Esas heridas, sufridas durante la infancia, quedan, en su mayoría, sin curar.  Las que no siguen abiertas se acaban cerrando mal dejando una dolorosa y fea cicatriz, provocando en nosotros sentimientos de:

  • Rabia, que trata de defendernos aquello que no pudimos evitar cuando éramos pequeños y que solemos canalizar en dos sentidos: Hacia fuera, hacia terceros, a los que solemos ver como responsables de nuestros problemas, o hacia dentro, hacia nosotros mismos. Esta última, más difícil de ver, puede derivar en enfermedades, fruto de la autocrítica, juicio, exigencia o perfeccionismo extremos, del autocastigo o de un intento de atraer la atención que no recibimos de pequeños;
  • Culpa e incapacidad, por no haberlo hecho de otro modo para evitar haber sido heridos, abandonados, agredidos o no amados; y
  • Tristeza o vacio, que solemos intentar llenar ya sea con trabajo, deportes extremos, cosas materiales u otras adicciones.
  • Miedo, que intenta protegernos bloqueándonos e impidiéndonos avanzar para evitar que volvamos a vivir una situación similar.

Tod@s  hemos tenido estos sentimientos en alguna ocasión.  De lo que lo que no todo el mundo es consciente es que gran parte de estas heridas, se quedan en el inconsciente…condicionando a diario nuestras acciones y reacciones…Si las éstas son grandes, nuestras emociones pueden acabar condicionando, entre otras cosas, nuestras relaciones de pareja y familiares y, nuestra maternidad y paternidad.

Solo nosotr@s podemos sanar y cubrir las necesidades que no fueron atendidas, de pequeños…y acabar curando esas heridas.  Para ello hemos de estar dispuest@s a reabrirlas y a limpiarlas, aunque ello pueda provocar en nosotr@s algún malestar….pero sin duda la recompensa es enorme y maravillosa…

Si te animas a sanar las heridas de tu niñ@ interior, por favor haz click en el siguiente enlace.

Visualizaciones e Hipnosis, ¿Me pueden ayudar?

A pesar de los malos entendidos divulgados por los magos de teatro, que hacen uso de técnicas hipnóticas, mezclándolas con trucos de magia, la hipnosis ha estado presente, desde siempre, en las universidades de medicina y en muchos hospitales y clínicas de todo el mundo.

En estado de trance, contrariamente a la imagen que tenemos de la hipnosis, las personas no pierden la conciencia, no son sometidas o dirigidas, ni pierden el control sobre sus actos. Mediante la hipnosis no es posible “manipular”, “reprogramar”, acceder a partes inconscientes oscuras o hacer aflorar recuerdos traumáticos acontecidos, en mayor medida de lo que lograríamos en cualquier conversación habitual.

En realidad el trance es un estado natural que todos experimentamos durante ensoñaciones diurnas, o cuando meditamos, y que facilita el acceso intuitivo a sueños, símbolos y otras manifestaciones inconscientes. En este estado de focalización de la atención consciente, se produce una disociación momentánea que permite acceder a nuestras habilidades inconscientes, aunque éstas sean consideradas habitualmente inaccesibles. De este modo, conectamos con nuestra voz interior y accedemos a lo que Erickson denominaba “aprendizaje inconsciente”.

Lo interesante de la hipnosis es que las últimas investigaciones con neuroimagenes han demostrado que los sucesos y acciones que experimentamos en estado de trance son percibidos por nuestros circuitos neuronales como reales. Así, la visualizaciones y trances hipnóticos crean en nuestro cerebro una “huella neuronal”, es decir, un recuerdo de haber vivido esta experiencia. Conscientemente sabemos que no ha sido así, pero nuestro inconsciente no notará la diferencia….lo que ¡LA HARÁ POSIBLE  MÁS FÁCIL Y RÁPIDAMENTE!

Cuanto más logremos acceder a nuestro inconsciente, más huellas neuronales generaremos, o más profundas, y más efectivos serán los cambios que experimentaremos.

Ahora bien, la hipnosis, es efectiva para promover cambios psicológicos o de comportamiento, pero ¿puede favorecer también cambios a físicos?

Como ya anticipábamos al principio de este post, la hipnosis médica se utiliza en numerosos hospitales y clínicas de todo el mundo y se estudia en la mayoría de las universidades de medicina en el ámbito sajón. En Bélgica y en Francia se emplea a menudo, si el paciente lo desea, como anestesia psíquica o como coadyuvante de la anestesia química.

En España se está utilizando en la Unidad del Dolor del Hospital Universitario de Tarragona (tratamientos de fibromialgía con autohipnosis), en la Unidad del Sueño de la Clínica Rubber de Madrid, y en Oncología, por un grupo de voluntarios, en el Hospital la Paz de Madrid.

Existen muchos estudios acerca de su eficacia, pero, en la actualidad, el estudio más exhaustivo ha sido realizado por la Clínica Mayo, una de las más importantes organizaciones clínico-sanitarias de Estados Unidos. En este estudio, “Hypnosis in Contemporary Medicine”, publicado en el año 2005, apoyándose en estudios publicados en las revistas Nature, Science, Oncology, todas ellas revistas médicas de alto prestigio, se establece una larga lista de condiciones y 19 patologías médicas en las que se ha demostrado la eficacia de la hipnosis y para las que se recomienda su uso (Alergia, Anestesia para alivio del dolor, Anestesia para cirugía, Dermatología, Gastroenterología, Recuperación postoperatoria, Hematología, Hipertensión, Neurología, Obesidad, Obstetricia, Oncología, Otorrinolaringología, Neumología, Reumatología, Fibromialgia, Cirugía y Urología).

Los resultados son claros y sus efectos, muy reales. ¿Te animas a vivir esta experiencia?

Descárgate la visualización guiada “Conecta con tu Maternidad” y deja que tu cuerpo y tu mente experimenten con la sensación de la maternidad.

Como dijo Henry Ford “Si crees que puedes, tienes razón, si crees que no puedes, tienes razón.”

El vacío interior

 Me atrevo a afirmar que todas y cada una de nosotras hemos experimentado en algún momento de nuestras vidas una profunda sensación de vacío interior.

En la mayoría de los casos intentamos llenarnos de cosas, experiencias o personas, externas a nosotras y que, momentáneamente, ayudan a paliar esta sensación.

Muchas solemos recurrir al consumismo o las compras, a la comida, a la bebida, al alcohol, a las drogas, a la práctica de deportes de riesgo, a perpetuar relaciones tóxicas y dependientes…en fin, a cualquier cosa que nos aleje de ese vacío que parece no llenarse con nada. Cualquier cosa con tal de no sentir ese vacío… con tal de no sentirnos así…

He conocido a muchas mujeres que creen, que ese vacío desaparecerá, cuando cambien de trabajo, o tengan un jefe o un salario mejor, cuando encuentren pareja, cuando tengan el coche último modelo, o puedan comprarse la ropa o los zapatos de tal diseñador… o cuando logren tener un bebe en el que puedan volcar su atención… Reconoco, que en ocasiones, yo lo he creido también…

Lo que no nos damos cuenta es que nada de lo anterior llenará ese hueco, ese vacío…

Ese espacio solo podemos llenarlo nosotras…solo podemos llenarnos de nosotras mismas…

Conseguirlo implica un descubrimiento, un viaje interior que nos hará transitar por caminos desconocidos y que nos hará salir de nuestra zona de confort…Ello requiere de un esfuerzo y un compromiso por nuestra parte, pero la recompensa es, sin duda, maravillosa.

Vivir en paz, armonía, en absoluta conexión con nosotras mismas y sobre todo en plenitud. Disfrutando de cada minuto de nuestras vidas…

Buda dijo que “Un camino de mil pasos empieza por uno solo”

 Si en algún momento te has sentido así, ¿te atreves a cambiar de actitud?

No lo dudes … te garantizo que el resultado merece la pena…

Da el primer paso hoy mismo haciendo click en el siguiente enlace.

El estrés por quedarte embarazada puede causar infertilidad

Aunque son muchos los estudios que demuestran que el estrés afecta negativamente a nuestra capacidad para procrear, hasta hace poco no había ningún estudio que demostrase específicamente que el estrés asociado a la búsqueda de un embarazo afectase a la fertilidad natural de la mujer o al éxito de los tratamientos de reproducción asistida.

Si existían estudios que confirmaban que el estrés y la ansiedad pueden desencadenar que la pareja abandone los tratamientos de reproducción asistida, si éstos fracasan en los primeros intentos, pero hasta hace poco la idea de que “si te relajas, te quedarás embarazada” no tenía soporte científico. Los casos de mujeres que gestaron después de muchos años de búsqueda, sin ningún tipo de tratamiento, y otras que lo hicieron después de adoptar un niño, al disminuir sus niveles de ansiedad, no eran más que anécdotas que no confirmaban esta creencia popular.

Sin embrago, un reciente estudio ha demostrado por primera vez la relación entre la ansiedad por conseguir el embarazo y el aumento de la infertilidad.
Todos sabemos que la dificultad para quedar embarazada es una situación muy estresante para cualquier pareja. El hecho de no poder satisfacer una parcela tan importante del desarrollo personal como “tener hijos” afecta de forma directa a todas las esferas de nuestra vida: la autoestima, los planes de futuro, la vida de pareja, la familia, la vida social, las relaciones sexuales… En estas circunstancias, son generalizados los sentimientos de estrés y ansiedad.
Esta situación de stress emocional se intensifica durante los tratamientos de fertilidad (inseminación, fertilización in vitro, donación de ovocitos, etc.). Se han realizado diversos estudios para medir los niveles de ansiedad en distintos tipos de tratamientos médicos, y los tratamientos de reproducción son los que más carga emocional conllevan, tras los tratamientos oncológicos (radioterapia, quimioterapia…).
Pues bien, precisamente, esta ansiedad por conseguir un embarazo y el miedo a que los tratamientos salgan mal, pueden retrasar el tan deseado embarazo.

Un estudio llevado a cabo por científicos estadounidenses, que amplía otro anterior realizado en el Reino Unido, demuestra una asociación entre altos niveles de estrés y una reducción de la fertilidad. Los resultados se publicaron en la revista Human Reproduction.

En el estudio participaron 501 mujeres estadounidenses con edades comprendidas entre los 18 y los 40 años, sin problemas de fertilidad conocidos y que habían decidido comenzar a buscar un embarazo.
Se realizó un seguimiento de estas mujeres durante 12 meses o hasta que consiguieron quedar embarazadas.
Los científicos midieron la enzima alfa-amilasa y el cortisol en la saliva, que son indicadores biológicos del estrés, el primer día de cada ciclo menstrual.
Las mujeres que presentaban altos niveles de alfa-amilasa mostraron un 29% menos de probabilidades de quedar embarazadas cada mes y más del doble de probabilidades de ser infértiles en comparación con las que tenían bajos niveles de la enzima y de esta hormona.

Si crees que este es tu caso y que el estrés y la ansiedad pueden estar condicionando tu embarazo, no dudes en ponerte en contacto con nosotros, podemos ayudarte.  Por favor haz click en el siguiente enlace.

El estrés afecta negativamente a nuestra capacidad para concebir

Son muchos los estudios que demuestran que el estrés afecta negativamente a nuestra capacidad para reproducirnos.

El estrés se puede definir como una respuesta de nuestro cuerpo ante una serie de exigencias o demandas que juzgamos mayores a las capacidades que tenemos. Este provoca en nosotros una sensación de desbordamiento que activa el eje hipotálamo-hipófisis-adrenal. Dicha activación desencadena en nuestro organismo cambios conductuales y fisiológicos que mejoran nuestra adaptabilidad e incrementan nuestras oportunidades de supervivencia.
Los episodios cortos o infrecuentes de estrés no comportan ningún riesgo para nosotros, por cuanto las consecuencias del mismo suelen ser positivas para el organismo (hablamos entonces de eustrés). Ahora bien, cuando las situaciones de estrés se prolongan en el tiempo y éste ya no favorece o, incluso, dificulta la adaptación al factor estresante, aparece el riesgo de lesión o enfermedad (en estos casos hablamos de distrés).

El científico canadiense Hans Selye, en su investigación más famosa, “El estrés” (1950), describió muy bien las tres fases por las que atraviesa nuestro cuerpo cuando un estimulo perturba nuestro equilibrio interno y genera estrés:

Fase de reacción de alarma. Se produce cuando nuestro cuerpo detecta el estímulo externo. Ante este nuestro cerebro se pone en guardia y genera ciertos cambios fisiológicos que preparan al cuerpo para la acción defensiva. El sistema nervioso autónomo se activa, liberando catecolaminas, que producen una estimulación del sistema neuroendocrino, y liberan ACTH y cortisol, las dos hormonas por excelencia del estrés, que activan los sentidos, aceleran el pulso y la respiración, que se torna superficial, y tensan los músculos.
Fase de resistencia o adaptación, en la que el cuerpo toma contramedidas defensivas (reacciones de lucha o huida) en respuesta a estos estímulos.
Fase de agotamiento. Surge cuando las situaciones estresantes se suceden sin resolución y el cuerpo permanece en un estado constante de alerta que aumenta la tasa de desgaste fisiológico. Sobreviene entonces la fatiga o el daño físico, quedando la capacidad del cuerpo para recuperarse y defenderse seriamente comprometida. Empiezan a aparecer entonces las llamadas enfermedades de adaptación (enfermedades cardiovasculares, hipertensión, asma, jaquecas, úlcera péptica, dolores musculares, depresión), viéndose también muy vulnerada nuestra capacidad reproductiva.

Son muchos los estudios demuestran que la activación del organismo y sus hormonas afectan negativamente el funcionamiento reproductivo del organismo.

Uno de ellos, el estudio de Campagne DM, recogido por la Sociedad Española de Fertilidad (SEF) en su Libro Soporte, “Fertilidad y temas emocionales” (2012), señala que es necesario diferenciar entre dos tipos de estrés: El estrés agudo y el estrés crónico. El primero está producido por el problema de fertilidad o los procedimientos de fertilidad, mientras que el crónico sería un estrés previo. Ambos influyen de modo importante en nuestra capacidad natural para concebir y afectan negativamente al resultado de los tratamientos de Reproducción Asistida (RA).

Aunque este especialista manifiesta la gran importancia de reducir los dos tipos de estrés, puntualiza que el estrés agudo debe ser manejado mediante técnicas psicológicas aplicadas durante el periodo de búsqueda de embarazo o durante los tratamientos de RA, para evitar su abandono, mientras que el estrés crónico debe manejarse y reducirse antes de iniciarse el proceso de búsqueda o del comienzo de cualquier tratamiento de la fertilidad.

En ambos casos, como demuestran los resultados del estudio de Liz TM y Strauss B, recogidos por la SEF en el mismo Libro Soporte, la psicoterapia individual, de pareja y de grupo en pacientes infértiles disminuye la ansiedad, el estrés y la depresión y ayuda a mejorar la tasa de embarazo.

Si crees que podemos ayudarte a reducir tus niveles de estrés, quieres ponerte en contacto con nosotros o solicitar información sin compromiso, por favor, haz click en el siguiente enlace.

Infertilidad y duelo

El dolor asociado a  una experiencia de infertilidad o esterilidad es similar al que experimentamos ante la pérdida de un ser querido

Es difícil imaginar, desde fuera, la multitud de sentimientos que invaden a una pareja cuando el proceso de búsqueda de un embarazo se alarga y los días, meses y años van pasando sin que nuestro deseado bebé se anuncie.

Según la psicóloga y coordinadora del Grupo de Psicología de la Sociedad Española de Fertilidad, Vicenta Giménez, la infertilidad es una experiencia que implica múltiples pérdidas o duelos para cada uno de los miembros de la pareja, como son la pérdida del control de múltiples aspectos de nuestra vida, la interrupción de la continuidad genética y del enlace entre pasado y futuro, la imposibilidad de tener un hijo con la persona que amamos, y, sobre todo, una pérdida de autoestima, debida a la sensación de no estar capacitados para llevar a cabo una función que es natural en el ser humano.

Según dicha doctora, las fases del dolor que enumera la Dra. Elisabeth Kubler-Ross en su libro “On Death and Dying”, tras la pérdida de un ser querido, lo que denomina las “cinco fases del proceso de duelo” resumen muy bien el cúmulo de sensaciones que nos invaden en esta etapa de nuestras vidas:
– Shock y negación.
– Ira o enfado.
– Desesperanza
– Dialogo y negociación.
– Aceptación.

La primera fase, de Shock, es la que algunos especialistas denominan de negación y aislamiento, y es por ello que suele ser frecuente que durante la misma pidamos otro diagnóstico. En esta fase es normal sentir miedo, evitación, confusión, insensibilidad, y culpa.  Es habitual que pensemos que nuestros comportamientos anteriores han podido alterar nuestra capacidad reproductiva. Tendemos a lamentarnos por haber utilizado métodos anticonceptivos antes de saber si teníamos entonces o no problemas de infertilidad. En esta fase tendemos a evitar el problema y a buscar una manera de salir del mismo a través de excusas, como la necesidad de vacaciones o descansar más; es decir, durante esta fase tendemos a pensar que la infertilidad va a ser realmente un problema temporal que acabará por resolverse solo.

En la fase de Ira o enfado la búsqueda de culpables es la respuesta más común. Nos sentimos tratados injustamente, humillados, desechados o fracasados. La infertilidad causa sentimientos de frustración, irritación, vergüenza y remordimiento.
Los que vivimos esta experiencia y vemos como, para el resto del mundo, era fácil formar una familia y ver crecer a sus hijos, nos sentimos totalmente incomprendidos. La infertilidad es injusta. Nuestros cuerpos y mentes se sienten humillados por los interminables estudios y tratamientos y por el estrés emocional. Tarde o temprano el enojo aparece como una respuesta a todas las circunstancias desagradables. En algunas situaciones, la ira y el enfado sirven para atacarnos mutuamente, dentro de la pareja, buscando culpables. Por eso es importante estar preparados para afrontar esta etapa como una pareja unida, como un equipo.

Con la fase de Desesperanza aparecen la depresión y la indiferencia. Es frecuente pensar que no tenemos recursos suficientes para solucionar este problema, o que los recursos los tienen los profesionales y que nosotros no podemos hacer nada para mejorar el resultado. Este pensamiento produce sentimientos negativos y lleva a lo que en Psicología se llama indefensión. Al pensar que no podemos defendernos o resolver un problema, podemos llegar a deprimirnos, entre otros motivos, debido a que nos vemos incapaces de afrontar un nuevo tratamiento, de compartir nuestros problemas con nuestro entorno o por las dificultades de sobrellevar la situación dentro de la pareja.
En esta etapa de depresión es fundamental no olvidar que estamos en una carrera de fondo, y no de velocidad, en la que tenemos que aprender a administrar nuestras fuerzas, con los descansos que sean necesarios para poder recuperarnos, sobre todo si nos estamos sometiendo a tratamientos de reproducción asistida. Para superar esta etapa y pasar a la siguiente es importante aprender a interpretar cada intento fallido como un paso más que nos acerca a nuestro objetivo final de Ser Mamá.
Junto a la depresión también puede aparecer la ansiedad ante la posibilidad de que el tratamiento no tenga los efectos esperados o a que pueda resultar perjudicial para nuestra salud o para la de nuestro eventual futuro bebé.   Otro sentimiento habitual es la culpa que también se puede sustituir por acusación, intentando no sentirnos responsables. La culpa es dirigida a veces a la pareja, al médico o al mundo en general.  Este sentimiento de culpa es en sí mismo muy dañino, ya que presupone la asunción de una responsabilidad sobre una situación de que simplemente nos ha tocado vivir. Durante esta etapa se ven amenazadas:
– La seguridad en nosotros mismos.
– Nuestra feminidad o masculinidad, en el caso de nuestra pareja.

En esta fase suelen aparecer también sentimientos de agobio, desgana, baja energía, e impotencia que, junto con la culpa y la ansiedad retrasan o pueden afectar negativamente al resultado el proceso.

En la fase de Negociación es habitual intentar hacer lo que sea para recuperar el control y es con este fin con el que intentamos negociar, por ejemplo, prometiendo cosas que haremos si se soluciona el problema. En esta fase aparece el dialogo y el contacto con otros, para contar nuestra historia, esforzándonos en encontrar un significado en la pérdida.

En la fase de Aceptación no ha desaparecido el problema, pero hemos aprendido a manejarlo de forma emocionalmente sana. Esta incluye la exploración de nuevas opciones, el diseño de nuevos planes, los sentimientos de seguridad, empoderamiento, aumento de la autoestima y el encuentro de significado en la pérdida.
Estoy convencida que es necesario experimentar todos o la mayoría de los sentimientos y sensaciones que más arriba enumero para llegar a aceptar lo que nos está ocurriendo y superar con éxito esta prueba que nos ofrece la vida. Todas las emociones tienen una intención positiva y de todas podemos aprender algo. Está en nuestras manos no estancarnos o dejarnos llevar por ellas y avanzar hacia el estado de aceptación, que nos ayudara a crear una mejor versión de nosotros mismos haciendo que este problema se convierta en una oportunidad única de crecimiento y aprendizaje, y, por qué no, en un reto que lograremos superar con éxito.

Si estas atravesando por una situación similar a la descrita en alguna de las fases anteriores, descubre los talleres y sesiones que podemos ofrecerte para ayudarte a gestionar tus emociones y avanzar más rápidamente al estado de aceptación, en nuestro blog www.porquequierosermama.com

¡¡¡EMPEZAMOS!!!

Tal día como hoy, un 13 de julio, hará, exactamente, dos años que mi marido y yo supimos que estaba embarazada de 5 semanas. Tras largos años de espera, no sé cómo, supe que nuestra búsqueda, por fin, había acabado. Esperé a hacerme la prueba de embarazo exactamente al día en que celebrábamos nuestro decimo primer aniversario de boda, para no olvidar nunca ese momento… Nueve meses después di a luz a una preciosa bebe llamada Paula, que lo cambió todo…  😀 ¡¡¡nuestro sueño de formar una familia y de ser padres, por fin, se había cumplido!!!

Hoy, hará 13 años que nos casamos y el próximo 13 de agosto, haremos veinte años juntos…

En fin, no puede haber mejor día para lanzar este nuevo proyecto…

¡¡¡¡Lo apuesto todo al 13!!!!

Si como yo deseas formar una familia y te está costando puede que necesites aprender algo de esta experiencia y afrontarla desde una perspectiva diferente….

Si lo que has hecho hasta ahora no te ha servido, este blog es para ti…

Si este no es tu caso, pero conoces a alguien que está pasando por un momento así, ¡gracias por compartir!

¡¡¡Feliz día y disfruta del verano!!!